
Southern Winds fue una empresa que se presentó en el mercado argentino con valores y servicios distintos de los que usualmente ofrecieron las líneas aéreas en el país.
Evidentemente la empresa buscaba diferenciarse llamando la atención sobre su espíritu joven y su modernidad. La decisión de basarse en Córdoba y utilizar jets de 50 plazas rompía con las tradiciones del mercado local y, destacando esto, buscó hacerse un nicho en el mercado. El folleto que ilustra esta nota con la frase “ya puede volar como lo harán en el futuro” marca claramente este pensamiento.
Detrás de esto había un plan coherente, que supo conseguir la financiación de bancos internacionales para poner en marcha una empresa que originalmente no tenía ningún capital propio. Todo un mérito que muestra un espíritu empresario no común en nuestro sector aerocomercial.
Southern Winds creció como empresa cordobesa hasta que un día decidió instalarse en Buenos Aires, sin romper sus ideas fundamentales de flota y tipo de servicios. Funcionó como una ampliación coherente, y se convirtió en la primera empresa argentina que tuvo dos hubs dignos de ser considerados como tales.
Pero llegó la crisis de 2001, la demanda cayó en todo el mundo, el plan no se sostuvo y los bancos le quitaron su apoyo. Fue un momento difícil, que requería un grado de imaginación que no hubo. La empresa, que había mimado a sus pasajeros ofreciéndoles volar en una aeronave moderna que permitía una interesante flexibilidad de servicios, optó por el avión más barato que consiguió en las liquidaciones del momento, el Boeing 737/200, igualito al que usaban sus competidores desde hacía décadas.
Y el encanto se rompió. Por supuesto que no hizo falta ningún folleto que dijera “ya puede volar como lo hacía hace treinta años”, pero todos se dieron cuenta de la incoherencia, y las cosas nunca pudieron ser como habían sido. Lo que había sido una pujante empresa privada debió transar con los vericuetos del Estado, se convirtió en el operador de LAFSA (ver LAFSA – Líneas Aéreas Federales Sociedad Anónima), y después de una decadencia patética desapareció con más pena que gloria.