La Nación: ¿Qué se puede hacer con un diario y un avión?

Aviso publicado en La Nación del 10 de enero de 1967.

En otros tiempos no existían ni internet, ni los satélites, ni el fax, ni muchas cosas hoy habituales. Las comunicaciones eran distintas, menos inmediatas, más esporádicas, más caras. En suma, más limitadas, en todo sentido.

Aviso publicado el 4 de octubre de 1967, con los lugares de París en los que podía comprarse la edición.

Una carta aérea de Buenos Aires a Europa demoraba, en los primeros tiempos del jet, una semana o más, aunque esto podía acelerarse usando los buzones instalados en las oficinas de las aerolíneas que obviaban, parcialmente, la burocracia del correo y permitían ganar un día. El único problema era usar el buzón de la compañía que tenía vuelo ese día, porque si se erraba en esto la demora hasta el próximo vuelo podía ser mayor que el tiempo del correo normal.

Estas limitaciones también existían para los diarios, que entonces eran sólo de papel, bastante pesados y voluminosos. Transportarlos por avión era relativamente caro, y cuando llegaban estaban desactualizados. También había un mecanismo para leer los diarios argentinos en el extranjero relativamente pronto, que era ir a las oficinas de Aerolíneas Argentinas, donde por lo general estaban a disposición del público como cortesía. Reconozco haber usado ese servicio en su momento.

Pero no había un sistema formal estructurado profesionalmente para que las noticias de un país siguieran a los viajeros. Esto empezó a revertirse en el mundo con las ediciones internacionales de algunos diarios europeos y norteamericanos que se comenzaron a publicar a fines de los años cincuenta.

Quiso la suerte que Luis Mario Bello, un periodista de La Nación de Buenos Aires, tropezara con la edición internacional del diario francés Le Figaro para que se propusiera la idea de hacer algo similar aquí. La Edición Aérea Internacional del diario argentino comenzó a publicarse el 29 de agosto de 1960.

Formalmente tenía la misma tipografía que el diario normal, y su contenido era una recopilación de los principales sucesos ocurridos en la Argentina durante la semana, incluyendo uno de los editoriales del diario. Se agregaban los comentarios políticos dominicales, y había toda una página de economía. No tenía avisos.

La impresión de las ocho páginas se hacía los lunes por la noche, en un papel liviano, similar al que se usaba entonces para cartas aéreas, y llegaba a Europa y Estados Unidos el miércoles. Otros destinos requerían más tiempo.

Aviso publicado el 6 de junio de 1976. Aquí la edición aérea se presentaba como un regalo original.

Había pocos suscriptores permanentes, que eran fundamentalmente embajadas, becarios y funcionarios extranjeros; un puñado de ejemplares se vendían en kioscos especiales de ciudades elegidas. La gran mayoría de los lectores eran viajeros que querían recibir información de su país durante su desplazamiento fuera del mismo, lo que significaba un importante esfuerzo logístico para el diario, que debía cambiar permanentemente de destinatarios y de destinos. La suscripción mínima era una serie de cuatro entregas.

Uno de los tantos anuncios de mantenimiento que aparecían en los retazos de diagramación del diario, en este caso el 20 de noviembre de 1981. Como se puede advertir, la calidad de estos avisitos se fue degradando a medida en que pasaba el tiempo y se estropeaban los grabados originales.

No era un producto barato, pero en su momento fue un vínculo posible para los turistas argentinos con su país. En La Nación se hizo mucha publicidad.

Es difícil saber hasta cuándo se publicó. Los diarios comunes de papel siempre fueron difíciles de transportar, pero la información, desde los años setenta, fue encontrando mejores canales de difusión, sobre todo por la aparición de los satélites que transportaban señales televisivas. La Nación mantuvo el producto, pero ya no lo promocionó como antes, publicando solamente recuadritos que rellenaban espacios que quedaban libres en la diagramación.

La guerra de Malvinas movió al diario a hacer un último esfuerzo para vender su edición aérea, y hubo una campaña de avisos importante, pero la época de oro de estas ediciones había pasado y poco tiempo después se perdieron todas las referencias sobre su existencia.

Fue uno de los tantos negocios que la aviación perdió a manos de las telecomunicaciones.

Uno de los últimos avisos importantes detectados en el diario, en coincidencia con la guerra de Malvinas, el 2 de junio de 1982.

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