La Preocupación de Güiraldes

Anuncio publicitario publicado en la prensa de Buenos Aires el 7 de octubre de 1958 (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

Aerolíneas Argentinas, en 1958, era la única línea argentina que realizaba vuelos internacionales. Operaba dos servicios semanales a Europa y tres a Estados Unidos, todos con Douglas DC-6. Su competencia directa tenía quince servicios a Europa y veinte a Estados Unidos, en casi todos los casos con aviones más modernos (Douglas DC-6B, DC-7B, DC-7C, y Lockheed 1049G).

Además, algunas aerolíneas de países americanos (Chile, Perú) ofrecían servicios de sexta libertad, algo que siempre existió, pero que no fue definido por la Convención de Chicago y en esa época no tenía un nombre específico.

Evidentemente, el pasajero tenía muchas posibilidades en cuanto a servicios, horarios y hasta tarifas.

La bandera argentina estaba mal plantada en este mercado, pero había dos planes, absolutamente independientes, para cambiar las cosas. Por el lado del gobierno se había abierto la posibilidad de que empresas argentinas ingresaran al mercado internacional en competencia con Aerolíneas Argentinas, y por el lado de ésta se había decidido la compra de seis reactores De Havilland Comet 4 para ampliar y mejorar drásticamente los servicios.

Pero había un problema grave. Ninguno de los dos proyectos podía funcionar sin subsidios estatales, y el Estado no tenía fondos para todos. Flotaba en el aire que el futuro sería de Aerolíneas o de las empresas privadas, y así se estableció una lucha que, en rigor, todavía existe.

Del lado estatista, la mejor espada fue el comodoro Juan José Güiraldes que, a pesar de que sólo ejerció la presidencia de la empresa algo más de un año, actuó, disertó y escribió como nadie. Del lado de las empresas privadas, la expresión formal fue AATA (Asociación Argentina de Transportadores Aéreos), cuyo presidente fue el brigadier Juan Fabri.

Curioso. Dos militares para discutir una cuestión civil. Llegaron hasta a plantearse entre ambos lo que entonces se denominaba eufemísticamente “cuestiones de honor”.

La primera empresa privada que salió al ruedo fue Transcontinental. Tenía serios problemas de capital y, en cierta medida, era un brazo de la norteamericana California Eastern pero, al principio, parecía dispuesta a comerse a todos. Alquiló a California dos Lockheed 1049H Super Constellation que, en ese momento, eran los aviones más modernos que volaban a Estados Unidos y para enfrentar a los Comet 4 de Aerolíneas Argentinas en el futuro, anunció la compra de cinco Convair 880.

El aviso que mostramos hoy fue publicado en los diarios de Buenos Aires el 7 de octubre de 1958 y muestra, por primera vez en la historia, una empresa privada argentina volando a Estados Unidos, con el agregado de que merced a un pool con REAL Aerovías Brasil, ofrecía un servicio diario, algo que solamente Panagra hacía en ese momento.

Esa fue una guerra en la que perdimos todos. Güiraldes duró poco en Aerolíneas Argentinas, Transcontinental quebró pronto, los Comet 4 tuvieron muchos accidentes y demostraron ser poco competitivos y el transporte aéreo argentino, que nunca pudo definir claramente cuál era el lugar del estado y cuál el de los privados, es hoy uno de los menos desarrollados del continente.


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