
Como regla general, el transporte aéreo es aburrido y debe ser aburrido. Desde hace décadas, todos los días a la misma hora salen aviones de los mismos aeropuertos para recorrer exactamente la misma ruta, a la misma velocidad y llegar a los mismos destinos.

Es difícil imaginar algo más aburrido que eso, y por la contraparte, si en algún momento deja de cumplirse con este libreto es porque hay problemas graves. Mejor que sea aburrido.
Claro que fuera de la operación puede haber cosas divertidas. El marketing y la publicidad son campos propicios, aunque poco usados, y algunos personajes del medio, a veces, hacen muy bien de payasos.
En este momento creo que el más destacados es Michael O’Leary, CEO de Ryanair, que aparece de vez en cuando con actitudes tan cómicas como bien estudiadas. Por lo general lo hace atacando a alguien, y suele recibir críticas muy despiadadas, lo que no invalida el potencial de la chanza. En el ambiente aeronáutico hay cosas que decididamente parecen un chiste, así que no veo por qué no ponerlas en evidencia con otro chiste.

Uno de los modos elegidos por Ryanair para atacar a sus competidores ha sido la inscripción de frases en sus aviones. Cuando Alitalia estaba al borde del colapso (¿lo está aún?) vaticinó su muerte con un Boeing 737 que llevaba la inscripción «Arrivederci Alitalia» (ver foto), y también lo hizo ante la caída de SkyEurope (la operadora anterior de algunos de los Boeing 737/700 que hoy vuela Aerolíneas Argentinas) con otro jet con la inscripción «bye bye skyeurope» (ver foto). Hasta se le animó a Lufthansa, a la que bautizó Latehansa por sus demoras (ver foto), y también se ocupó de los cargos adicionales de combustible de sus competidoras, aunque esto tuvo menos de chiste (ver foto). Hubo muchos otros, y también hubo otras empresas que practicaron este tipo de publicidad.
La señal de Batman

Durante los años noventa en la Patagonia se puso en marcha un interesante programa de subsidios llamado PIDAP (Programa Integral de Desarrollo Aéreo Patagónico), que si bien tuvo muchos defectos, sirvió para impulsar a las empresas privadas que operaban en la región, El Pingüino, Kaikén, SAPSE y TAN. Las dos primeras eran privadas, SAPSE y TAN eran provinciales, pero la segunda fue privatizada en esos años.
Los operadores tenían bastante libertad para elegir sus rutas y flotas, y así fue que en varios tramos hubo competencia entre ellos. Algunos de los tramos más concurridos fueron los que unían el continente con Tierra del Fuego, donde se enfrentaron Kaikén, basada en Río Grande, y El Pingüino, de Río Gallegos.
Oscar Valls, fundador y CEO de la empresa fueguina era un empresario de frases agudas, ideas novedosas y sentido del humor. Cuando tomó conciencia de que su enemigo era El Pingüino decidió tomar como emblema al héroe que siempre ha derrotado al Pingüino: Batman.
Y así fue que sus tres Fairchild Swearingen Metro II (LV-WDU, LV-WDV y LV-WJY), que estaban pintados con un esquema empresario sin estridencias, un día fueron modificados, y en sus derivas apareció la señal de Batman. Aparentemente dio resultado, porque el Pingüino llegó a la bancarrota en 1995, pero Kaikén también dejó de operar en 2000.
Como dato adicional que confirma que la política es el arte de quedar bien con todos, Néstor Kirchner, cuando era gobernador de Santa Cruz, presentó en sociedad a El Pingüino en la Casa de Gobierno provincial, y unos años después Cristina fue madrina de un Dash7 de Kaikén en el aeropuerto de Río Gallegos.
