LAPA, el pariente pobre

LAPA: La agonía del pariente pobre

La crisis de 2001/2, en la Argentina, tuvo a todas las empresas aéreas del país al borde de la desaparición. En ese proceso se produjo un movimiento nacional a favor de la supervivencia de la otrora empresa estatal, cuyo lema más fuerte fue “Salvemos a Aerolíneas Argentinas” que logró salvarla, pero el resto de los operadores pronto desaparecerían.

2001 fue un año de crisis mundial para la aviación y también fue un año de crisis política y económica para la Argentina. Los malos pronósticos se convirtieron en una pesadilla luego de los atentados del 11 de septiembre, y los balances de las líneas aéreas se tornaron en color rojo sangre.

Aerolíneas Argentinas, controlada por los españoles a través de la SEPI, había perdido el rumbo, y estaba en oferta al mejor postor. España quería sacársela de encima, los gremios estaba movilizados, Argentina no tenía capital (ni estatal ni privado) para hacerse cargo de la compañía y existía la posibilidad cierta de que si no aparecía un comprador la empresa desapareciera. Los servicios estaban en franca decadencia, y permanente se suprimían destinos.

Pero la contrapartida de esta realidad era que Aerolíneas todavía tenía un lugar destacado en el corazón de los argentinos, que se oponían unánimemente al cierre de la compañía.

Transeúntes firmando un petitorio a favor de Aerolíneas frene al edificio de Perú 2, durante el conflicto de 2001 (imagen PLP).

En este marco nacieron los lemas “salvemos a Aerolíneas Argentinas” y “todos somos Aerolíneas”, que rápidamente encarnaron en la población y se hicieron muy populares, ayudado por algunas imágenes entradoras.

Algunas presentaciones de los lemas de defensa de Aerolíneas.

Aerolíneas se salvó —o eso pareció haber ocurrido— el El 2 de octubre de 2001, cuando la SEPI, el ente español controlante, anunció que había adjudicado su participación a Air Comet, una empresa considerada parte del grupo Marsans. Inmediatamente apareció algo de dinero y se empezaron a reinstalar los vuelos.

Pero la crisis general no se solucionó, Argentina no se salvó, y los que vivían en ella tampoco. Entre ellos estaba LAPA que, tras acumular importantes pérdidas, pidió su concurso de acreedores en mayo de 2001. Su deuda estaba en el entorno de los 130 millones de dólares, tenía alrededor de 1.300 empleados y, en ese momento, cubría el 50% del deprimido mercado doméstico usando muchos de los aviones más modernos que había en el país. Había perdido alrededor de 39 millones de dólares en 1999 y 116 en 2000.

LAPA fue vendida en junio al grupo Eurnekian, que buscó formar un gran monopolio de la aviación argentina, basado en su control de los aeropuertos, a lo que sumó a LAPA, parte de Southern Windes y participaciones en otras empresas.

Así empezó a pintar el grupo Eurnekian los aviones de LAPA en la segunda mitad de 2001 (imagen PLP).

Pero no pudo, porque la Secretaría de Defensa de la Competencia consideró inconveniente que un mismo dueño controlara los aeropuertos y la segunda aerolínea del país, y obligó a Eurnekian a desprenderse de LAPA, o AIRG o como se llamara ese desacierto sin destino. Así fue que en septiembre de 2002 se anunció la venta al grupo boliviano Aeroandina, controlador de Aerosur, a cambio de hacerse cargo de una deuda de 60 millones de pesos. La situación de la empresa era grave, y la del país peor. La única posibilidad de salvación estaba en un aporte importante de capital que no se hizo por lo que, más allá de algunos cambios cosméticos y anuncios rimbombantes, la aerolínea siguió su camino hacia la desaparición.

El único avión que llegó a recibir los nuevos colores de Lapa en 2002 (imagen Rafael Reca).

El último acto comenzó el 15 de abril de 2003, martes de semana santa, cuando los trabajadores de Lapa, enrolados en APA, se declararon en paro por tiempo indeterminado reclamando el pago de tickets de comida adeudados. El Ministerio de Trabajo dispuso una conciliación obligatoria, pero el jueves la empresa anunció la cancelación de todos sus vuelos por falta de combustible (Repsol YPF exigía el pago al contado para abastecer los aviones).

En Aeroparque los trabajadores, que ya se sentían desocupados, se confundían con pasajeros furiosos por la interrupción de sus vacaciones. Allí surgió la idea de hacer una campaña similar la realizada por el personal de Aerolíneas un tiempo atrás, y se empezaron a repartir entre los pasajeros unos volantitos fotocopiados que planteaban el lema “Salvemos a LAPA también” pero ya era tarde y el prestigio de ésta era muy distinto del de Aerolíneas, así que no hubo ninguna repercusión.

Estos dos papelitos fotocopiados y mal refilados, unidos por un broche, fueron entregados a los pasajeros de Lapa en la fatídica semana santa de 2003.

El conflicto no era gremial, porque los empleados estaban dispuestos a trabajar, por lo que las autoridades y los sindicatos calificaron la situación de lock out. Hubo algunas asambleas en Aeroparque y manifestaciones en las oficinas de la empresa, que entonces estaban en la calle Pasco, pero sin plata, mucha planta, no había solución posible. El gobierno trató de salvar la crisis contratando vuelos de American Falcon para mover a los pasajeros varados, y luego proveyó de combustible a Lapa para atender su programación hasta el lunes 21.

Empleados de Lapa deliberando en Aeroparque (imagen PLP).

Y ese día fue el fin. Sin fuentes de financiamiento, la única alternativa posible era un subsidio, y ese subsidio no llegó. Lapa dejó de volar a partir de las cero horas del 22 de abril de 2003, generándose ese día fuertes protestas de los empleados, que llegaron a ocupar fugazmente la pista de Aeroparque y obligaron a hacer una maniobra de escape a un avión de Aerolíneas Argentinas.

Una llorosa empleada de Lapa haciendo declaraciones a la televisión en Aeroparque “éramos una empresa grande, ahora no somos nada”, dijo (captura de televisión).

La idea era que el Estado, de algún modo, se hiciera cargo del personal, y ya se hablaba de una futura aerolínea estatal, que luego fue LAFSA.

Lo que quedó de los mostradores de Lapa en Aeroparque. Uno de los letreros dice “Proximamente aerolíneas federales o nada”, preanunciando la creación de LAFSA (imagen PLP).

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