Horarios y combinaciones de vuelos, ubicación de las oficinas en todo el mundo, distribución de los asientos en los aviones, dimensiones del equipaje, mercaderías peligrosas, planes de viajeros frecuentes, transporte de cargas, información turística… Todo esto y mucho más, que es información necesaria para el viajero, se encuentra hoy fácilmente en las páginas de internet de las líneas aéreas.
Pero antes de que existiera la red las empresas debieron encontrar el modo de entregar esos datos a sus clientes por medio de documentos de papel impreso. Así nació la folletería aeronáutica, un material que a lo largo de la historia acompañó a las líneas aéreas y que hoy casi ha desaparecido. A la cabeza de este material estuvieron los horarios, pero hubo muchos tipos de documentos informativos, además de los promocionales.
El último estado del arte de los horarios fueron unos libritos de formato vertical, que medían aproximadamente 10/11 por 20/21 centímetros. Tenían tapas en color de buen papel, y el interior estaba impreso en lo que se llamaba “papel biblia”, muy delgado y liviano, que permitía que estos volúmenes tuvieran hasta 450 páginas con lomos de 1,2 cm.Lo habitual era que tuvieran de 150 a 400 páginas. El cuerpo de la tipografía era diminuto.
Como todo libro de consulta, lo primero era un índice, un siglario y una explicación de cómo usarlo, algo que, a veces, era bastante complicado. El siguiente ejemplo corresponde a Lufthansa, en 1993.
Y este, con más información de este tipo es de SAS, en 1985.
La organización podía variar, pero lo fundamental eran los horarios, que, ordenados en forma alfabética, mostraban todos los vuelos posibles desde cada ciudad. Podían ser vuelos directos o combinaciones, y la interpretación requería cierto entrenamiento. El ejemplo es de Alitalia, en 1993, y muestra parte de las posibilidades que había en Buenos Aires. Por supuesto, Alitalia sólo volaba a Roma, y lo hacía tres veces por semana, pero también consigna códigos compartidos con Aerolíneas Argentinas, que tenía otros tres vuelos directos. Todos los otros destinos (que incluyen otra página que no está en la figura) son combinaciones con servicios de Alitalia.
Un dato que no faltaba jamás era la disposición de los asientos en los aviones. Algunos estaban mucho mejor dibujados que otros, y siempre había problemas para meter el plano de los aviones grandes en estas paginitas. El ejemplo corresponde a Aeroflot en 1997.
Era muy difícil (como ahora en internet) tener un sistema de categorías para informaciones más o menos importantes. Lo que sigue es de British Airways, de 1993, donde se ve a la izquierda el final de una tabla que informa sobre la duración y los servicios de toda la empresa (son nueve páginas) frente a las disposiciones sobre mercaderías peligrosas.
En aquel tiempo las oficinas comerciales de las empresas eran una parte fundamental de la red. Estaban en todas las escalas, y eran el punto de referencia para los viajeros. Además de comprar pasajes, que era lo principal, también funcionaban como poste restante, se podían consultar diarios del país, y realizaban o ayudaban a realizar las gestiones más diversas, una especie de consulado de baja intensidad. Obviamente, el detalle de sus domicilios en todo el mundo era un capítulo insoslayable de los horarios. El ejemplo es de TAM, en 1997.
La información turística era un capítulo bastante habitual, pero cada empresa lo trataba según criterios propios, por lo que hay no hay un modelo de referencia. El ejemplo corresponde a Canadian, en 1993, y muestra lo que se decía sobre Buenos Aires.
Algunas empresas agregaban información sobre cargas aéreas. El ejemplo es de American Airlines, en el que se muestran las capacidades de todos los aviones de su flota.

Y este modelo corresponde a un caso especial, un librito dedicado exclusivamente a vuelos de carga, editado por Aeroflot en 1997. La colección de máquinas que aparece en este volumen es impresionante e incluye, como estrella, el AN-124.
Un último capítulo, es el de los mapas. Al igual que ocurre ahora, no todos los muestran y también hay una terrible dispersión en materia de diseño. El ejemplo que mostramos es un desplegable de Varig, de 1993. Hace recordar aquellos versos de Francisco de Manrique, ¿Qué fue de tanto galán?¿qué fue de tanta invención?
Podríamos seguir mucho tiempo, porque la cantidad de información que había en estos libritos era casi infinita. Eran más difíciles de manejar que una página de internet, y se desactualizaban permanentemente, lo que exigía frecuentes nuevas ediciones (se renovaban aproximadamente cada seis meses). Pero su mayor limitación era que no se podían comprar pasajes con ellos, había que ir a las oficinas de las aerolíneas o a los agentes de viajes. En los años noventa empezó la venta telefónica, y nunca más las cosas volvieron a ser como antes.
Con un formato parecido, también se hacían libritos de los duty free shops de los aeropuertos, cada cual en su moneda y su sistema métrico, lo que a veces los hacía muy confusos.