Lufthansa: Costumbres islámicas y optimismo alemán

Publicidad de Lufthansa aparecida en La Nación de Buenos Aires el 11 de mayo de 1972 (colección Pablo Luciano Potenze).
Publicidad de Lufthansa aparecida en La Nación de Buenos Aires el 11 de mayo de 1972 (colección Pablo Luciano Potenze).

Aerolíneas Argentinas, a fines de los años sesenta, comenzó a ofrecer los primeros vuelos directos entre Buenos Aires y Madrid, que en rigor fueron los primeros entre nuestro país y Europa. Eran algo más de 10.000 kilómetros en Boeing 707/387B y no eran una ruta fácil. Exigían volar a la máxima cota posible y cuidar la velocidad para reducir el consumo, lo que hacía que el avión no fuera fácil de llevar. Con todo, a veces no llegaban y hacían una escala técnica en las Canarias o en las islas de la Sal. Según contaban los pilotos de aquélla época, en el aeropuerto de Las Palmas había mejores comodidades para los pasajeros, pero en la segunda alternativa, que era un aeropuerto con muy poco tráfico, la atención a la aeronave era más rápida y sencilla.

Estos vuelos de Aerolíneas eran la excepción y no la regla de las rutas europeas a Buenos Aires. Iberia no pudo hacer lo mismo con sus DC-8, y siempre debió programar escalas, y el resto de las empresas europeas, ni siquiera pensaron en la posibilidad, porque la escala para repostar era inevitable con los aviones del momento.

La elección del punto intermedio siempre es una cuestión compleja, que combina los costos intrínsecos de cada escala, el desvío requerido, los horarios de operación, la posibilidad de hacer tráfico de quinta libertad, el eventual atractivo turístico del lugar y muchos más. En aquellos tiempos las preferidas en las rutas que nos ocupan eran Río de Janeiro, Dakar, las islas Canarias o de la Sal, Freetown y alguna otra. Mientras que Aerolíneas Argentinas era muy clara sobre su vuelo sin escalas, algunas empresas eran confusas para hablar de sus escalas técnicas y algunas, pocas, trataban de ganar algo con estos destinos. Iberia promocionó bastante las Canarias entre nosotros.

Lufthansa eligió como escala técnica Casablanca, en Marruecos, y resaltó sus posibilidades turísticas, innegables pero desconocidas en Argentina. El mensaje se ideó, hace más de cuarenta años, cuando el petróleo era barato, el Sha era emperador de Irán, no existían varios de los actuales emiratos del Golfo y la reciente Guerra de los Seis Días parecía haber impuesto un orden definitivo en medio oriente, aunque pocos tomaban cuenta de los cientos de miles de refugiados que el conflicto había sumado a los que se multiplicaban desde la Segunda Guerra Mundial.

En este marco Lufthansa promocionó el turismo en Casablanca, sugiriendo que la costumbre islámica de que las mujeres ocultaran su rostro estaba en proceso de extinción, y en otro anuncio sugirió, sin eufemismos, que el viaje a Casablanca podría ser un encuentro cercano con una odalisca…

Aviso de Lufthansa en La Nación del 27 de octubre de 1971. No se conoce ninguna actuación de Lawrence de Arabia en Marruecos, pero para Lufthansa eso era lo de menos (colección Pablo Luciano Potenze).
Aviso de Lufthansa en La Nación del 27 de octubre de 1971. No se conoce ninguna actuación de Lawrence de Arabia en Marruecos, pero para Lufthansa eso era lo de menos (colección Pablo Luciano Potenze).

En medio de este festival de sensualidad, también la empresa alemana sospechó que el público argentino no tenía mayor información sobre Marruecos, y también se publicó un aviso con un mapa.

Otro aviso más realista indicando en un mapa dónde estaba Casablanca (colección Pablo Luciano Potenze).
Otro aviso más realista indicando en un mapa dónde estaba Casablanca (colección Pablo Luciano Potenze).

La escala en Casablanca duró algunos años, generó algún turismo argentino en Marruecos, pero pasó sin pena ni gloria cuando los aviones permitieron volar de Brasil a Alemania. Por el otro lado, el chador no desapareció, y las costumbres islámicas progresaron de un modo totalmente distinto del que pensaban los publicistas de Lufthansa. Incluso en Alemania.

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