
¿Cuántas veces se dijo que en el año 2000 se acabaría el mundo? Sin duda muchas. A mí me lo dijeron por primera vez cuando era muy niño, y no me preocupé porque faltaba mucho y tenía toda la vida por delante, pero a medida que la fecha se acercaba más de uno se inquietó, aunque no había ningún signo en el cielo que hiciera pensar que llegaría el fin.
Pero unos años antes del momento indicado, apareció un signo en la tierra. Parecía un signo tonto para cualquier persona medianamente sagaz, pero los especialistas en informática, que en ese entonces tenían bastante de sacerdotes de una nueva religión, descubrieron que la sucesión de los números naturales, una de las bases de nuestra civilización, se estaba tambaleando.
El asunto es que las computadoras, que habían sido desarrolladas desde mediados del siglo XX, utilizaban para escribir las fechas una notación en la que el número del año se escribía con dos dígitos, así 1990 era 90, y 1999 era 99. ¿pero qué número venía después de 99? Imposible saberlo, la gente normal creía que después de 1999 venía 2000, y por ello después de 99 debería venir 00, pero en el cibermundo nadie estaba seguro de que esto fuera así, y como a esta altura de la historia el mundo ya funcionaba a partir de lo que decidían las computadoras, la inquietud fue grande.
Se habló de graves cataclismos, de un mundo que no funcionaría y otras cosas por el estilo. Lo concreto fue que cada país y cada empresa gastaron fortunas en revisar y modificar sus sistemas informáticos para estar seguros de que funcionarían en la oportunidad.
Cuando estos trabajos estuvieron terminados todos estuvieron seguros de que estaban seguros, y comenzaron a bombardear a los pasajeros (los eternos convidados de piedra) con mensajes diciendo que no pasaba nada.

Pero no estaban tan seguros y por eso que tomaron medidas adicionales. La primera fue la OACI, que recomendó separar los vuelos esa noche, y en la Argentina el Comando de Regiones Aéreas suspendió la actividad en el entorno de la medianoche. Las empresas locales, por su parte, decidieron mantener en tierra todas sus aeronaves desde alrededor de las 20:00 hasta el amanecer siguiente (quizás tenían miedo de que no saliera el sol), y lo más contundente, la demanda de pasajes para esos dos días cayó de modo espectacular.
Esa noche, por una vez en la historia, el personal aeronáutico pudo pasar el año nuevo con su familia. El fin del mundo no llegó, y el fenómeno Y2K quedó en el recuerdo.
Los dos avisos que mostramos hoy son dos versiones de lo mismo. El primero fue publicado en Hemispheres —la revista de a bordo de United Airlines— en su edición de noviembre de 1999, y el otro en Clarín del 30 de diciembre del mismo año.