Mar del Plata ya no es la misma

El aviso de Austral en La Nación el 29 de noviembre de 1988, sin duda anticipándose a las muy próximas vacaciones del verano austral (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

Algunos historiadores de Mar del Plata aseguran que la elección de la ciudad como lugar preferido de vacaciones de los porteños es consecuencia directa de la inauguración del ramal del ferrocarril Sud en 1886. Probablemente esa no haya sido la única causa, pero sin duda tuvo bastante que ver.

El tren garantizó las comunicaciones de la ciudad durante medio siglo, pero la Mar del Plata moderna, que fue un desarrollo encarado por el gobernador Manuel Fresco en la segunda mitad de la década de 1930, incluyó grandes obras como la actual rambla, con el Hotel Provincial y el Casino y, fundamentalmente, la pavimentación de la ruta 2, iniciándose entonces una competencia entre los viajes en tren y en auto, a la que se agregarían poco después los ómnibus.

Los aviones aparecen en esta ruta en enero de 1930, con un servicio de Aeroposta Argentina S.A. que no atrajo a los pasajeros, y la misma empresa en 1946 retomó los vuelos durante los veranos. LADE también hizo enlaces de temporada a partir de fines de 1945. El servicio permanente comenzó en 1947 con los Douglas DC-3 de la Sociedad Mixta Aeroposta Argentina.

Desde ese entonces los cuatro sistemas de transporte compitieron para llevar pasajeros a la ciudad feliz. El tren tuvo su época de gloria con la inauguración del Marplatense en 1951, pero los micros lentamente fueron socavando la primacía de un servicio ferroviario que fue decayendo, sin prisa, pero sin pausa. Los autos particulares, a partir de los años sesenta, también crecieron mucho, brindando a sus usuarios una gran flexibilidad de horarios y la disponibilidad del vehículo en destino, algo muy importante.

Una de las opciones para viajar a Mar del Plata por vía terrestre. Un aviso de El Cóndor en la revista Continente de julio de 1948 (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

Prácticamente todos los aviones que volaron rutas domésticas en la Argentina llegaron a Mar del Plata, pero a partir de la llegada de los Avro 748, en 1962, el tiempo de vuelo es más o menos el mismo, una hora o un poco menos, algo que no mejoraron sucesivas camadas de jets.

El gran protagonista de los viajes a Mar del Plata fue, y es, la Ruta 2. Cuando fue pavimentada a fines de los años treinta se hicieron varias estaciones de servicio del Automóvil Club y otros prestadores, y nacieron a su vera infinidad de paradores de todo tipo. Un viaje de 400 kilómetros que demandaba por lo general más de seis horas, requería servicios al auto y al pasajero, y los había en abundancia. Pero por otro lado la Ruta 2 era peligrosa y en temporada se saturaba. Los accidentes fatales se hicieron una cosa común, y durante muchos años fue conocida como la “ruta de la muerte”.

Con un ferrocarril en decadencia y una ruta saturada y peligrosa el medio aéreo logró hacerse un lugar importante en el transporte marplatense.

Sucesivos gobiernos hicieron diversas mejoras en la ruta, pero la solución de fondo no se encaró hasta principios de los años noventa, cuando se licitó la construcción de la actual autovía, que se completó en 1999, pero sin llegar ni a Mar del Plata (terminaba precisamente en Camet, cerca del aeropuerto) ni a Buenos Aires (llegaba hasta Florencia Varela). Esto fue un gran alivio, pero recién en 2002 se inauguró la conexión con la Autopista Buenos Aires-La Plata, que permitió, por fin, un viaje rápido y seguro en auto.

Entretanto el parque automotor cambió, y sumando los nuevos vehículos veloces y confiables a la nueva ruta se generó un efecto de desertización de la misma, porque los viajeros dejaron de detenerse en el camino, y la mayoría de las estaciones de servicio y paradores cerraron sus puertas.

El aviso que ilustra esta nota fue publicado por Austral (propiedad entonces de Pescarmona) en La Nación del 29 de noviembre de 1988. Propone 56 vuelos semanales a Mar del Plata, a los que habría que sumar una cantidad parecida (probablemente algo menor) de Aerolíneas Argentinas. Estamos hablando de cien (100) vuelos semanales, en aviones grandes (MD-80, BAC 111, B-737/200 y 727, F-28).

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Pero el mundo está sujeto a continua mudanza, y en la actualidad (enero de 2012), en plena temporada estival, todas las empresas que operan el tramo (Aerolíneas Argentinas, Austral y Sol), ofrecen en total 26 vuelos semanales, en general con aviones más chicos que en aquella época.

La autovía, que permite hacer el viaje en alrededor de cinco horas sin sobresaltos, le gana al avión, que tarda menos de una hora, pero tiene otra de preeembarque, el viaje a Aeroparque, el viaje desde Camet, los taxistas, las tarifas de estacionamiento, el peligro de huelgas inesperadas y alguna que otra incomodidad, incluyendo el precio del café en los aeropuertos.

El tráfico total de pasajeros aéreos domésticos argentinos creció de alrededor cuatro millones en 1988 a unos siete millones en 2011. En el mismo período el destino Mar del Plata se achicó a mucho menos de la mitad, quizás a la cuarta parte. Hay un cambio de hábitos notable, que deberíamos estudiar.

Otra de las antiguas posibilidades terrestres para viajar a Mar del Plata. En este caso, un anuncio de Ferrocarriles Argentinos, pie de dos páginas, en Gente del 21 de enero de 1982  (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

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