
Cuando yo era chico (década de 1950), leía la revista El Pato Donald y veía películas de Walt Disney como La Bella Durmiente y Peter Pan y hasta llegué a tener algunos discos de 78 RPM con canciones de las películas. Era un chico normal de clase media de entonces.
Así fue que me enteré, leyendo El Pato Donald, de la existencia de Disneylandia, en California pero también comprendí claramente, no era algo para mí. Hubo una pequeña posibilidad, porque la revista hizo un concurso cuyo premio era un viaje a ese paraíso, en el que, por supuesto, participé pero no gané. Me tuve que limitar a leer con entusiasmo las experiencias del ganador, que salieron publicadas un tiempo después.
No estaban las cosas en la Argentina, ni en la mayor parte del mundo, para que esos viajes se popularizaran. El sólo hecho de viajar en avión era algo raro, y más raro era hacer un vuelo internacional, algo reservado, en nuestro imaginario, para los ricos.
Las cosas fueron cambiando con los años. Volar se hizo más accesible con la llegada de los jets, las empresas aéreas bombardearon el mundo con publicidades de viajes a lugares exóticos y la gente empezó a pensar ¿por qué yo no?
En la Argentina, además, fue muy importante la acción de Sol Jet que, literalmente, enseñó a volar a los argentinos por medio de excursiones baratas y muy por encima de lo conocido en el país hasta entonces.
A principios de los años setenta todo estaba listo para que esta industria del turismo diera nuevos pasos adelante, y una de las apuestas fue apuntar a un público nuevo: los niños.

En rigor, los niños siempre fueron un público de la aviación, porque cuando los padres tienen que viajar con ellos casi siempre es más cómodo y sencillo volar, pero hasta entonces no eran el centro de la propuesta del viaje. A mediados de 1971 Braniff y Pan American dieron el paso, y propusieron, con un lenguaje casi infantil, el viaje a Disneylandia como excursión familiar.
Fue un negocio de penetración lenta en el mercado, pero fue creciendo. La inauguración de Disneyworld en Florida simplificó los viajes y tuvo su momento de mayor esplendor a mediados de los años noventa, en los famosos tiempos del uno a uno y el “deme dos”. Hoy hay agencias de viajes especializadas y el viaje a Disney se ha transformado en una opción clara de la ultratradicional fiesta de quince de las adolescentes locales.
Los aviones del Pato Donald
Disney es arrolladora. Está en todas partes. En los años cuarenta hizo dos dibujos de largo metraje relacionados con la aviación en América Latina (o sea con Pan American/Panagra) que fueron Los tres caballeros (que es más turístico) y Saludos, amigos que, además de buenas filmaciones de los DC-3 hace una promoción de los servicios norteamericanos en el continente e incluye una historia sobre el correo aéreo.
No sé cuándo empezaron a aparecer personajes de Disney como promoción pintada en aviones de línea, pero hay varios ejemplos mundiales entre los que se cuentan Alaska (Estados Unidos), JAL (Japón), Jet Airways (India), Qantas (Australia) y otras.

Faltaba una aerolíneas latinoamericana en esta lista, y ahora la tenemos, porque TAM ha decorado un Boeing 767/300ER (PT-MSZ, s/n 41994/1045) con motivos alusivos a Disney. No fue un trabajo sencillo, ya que incluyó la fijación de 536 elementos adhesivos en el fuselaje, tarea que demandó diez días de trabajo.

Lecturas complementarias en Gaceta Aeronáutica:
- De precios, valores y calidades (sobre los precios de los pasajes).
- El chárter en la Argentina; Metrotur: Una de estafadores (sobre los chárters).