El TWA Jet Center, hoy integrado al TWA Hotel en el aeropuerto internacional John F. Kennedy (KJFK) de Nueva York, es uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura aeroportuaria del siglo XX.

Diseñado por el arquitecto Eero Saarinen e inaugurado en 1962 como terminal de Trans World Airlines (TWA), dejó de operar como terminal aérea en 2001.

Tras una cuidada restauración, reabrió en 2019 convertido en hotel y espacio patrimonial, conservando su diseño original de estilo futurista.

Para los entusiastas de la aviación, sus principales atractivos son la posibilidad de recorrer libremente el histórico edificio, visitar las exhibiciones dedicadas a la era dorada de la aviación comercial, observar el clásico tablero mecánico de salidas, disfrutar de excelentes vistas del movimiento de aeronaves en las pistas de JFK desde diversos sectores del complejo, especialmente la terraza panorámica asociada a la piscina y acceder a un Lockheed Constellation acondicionado como bar temático.

La «piece de resistence»
El Lockheed L-1649A Starliner (c/n 1038), construido en 1958 y matriculado N8083H (su última matrícula conocida), sirvió inicialmente en TWA, continuó su carrera como carguero con diversos propietarios y, tras varios años de abandono, fue reecuperado, restaurado y trasladado a JFK en 2018.

El acceso al vestíbulo histórico, las exhibiciones y los restaurantes está abierto al público todos los días y no tiene costo, sin necesidad de alojarse en el hotel.

La terraza con piscina y mirador, en cambio, requiere reserva y el pago de una entrada para quienes no son huéspedes, con tarifas que parten aproximadamente desde US$50 por adulto, según el día de la semana y la temporada.

La fotografía personal está permitida en las áreas públicas, pero las sesiones fotográficas profesionales, filmaciones, el uso de trípodes o estabilizadores, y las transmisiones en vivo requieren autorización previa.

Además, algunas áreas, como la terraza con piscina, están sujetas a restricciones de acceso, horarios específicos y control de capacidad.

Reconocimientos: Recuperando y resumiendo contenidos de FlightAware y TWA Hotel, Chat GPT colaboró con la redacción de esta historia y Carlos Ay hizo lo propio con la edición fotográfica y producción general.
Siempre me pareció una belleza el edificio de Saarinen, realmente un símbolo de su tiempo y de la aviación de su tiempo. Lo mostraba en la UADE cuando daba clases sobre diseño de aeropuertos.
Pero, con el correr del tiempo, hoy creo que es un mal ejemplo de arquitectura aeroportuaria, claramente demostrado por la práctica. La causa es que no se puede ampliar, es un todo que se acaba en sí mismo, y eso en un aeropuerto es inadmisible, porque el tráfico siempre crece y los aeropuertos viven un proceso permanente de crecimiento que requiere una planificación desde el primer momento.
Hay algunos edificios en los que se nota la planificación (Dallas Fort Worth, Denver, Atlanta), otros que la han logrado como pudieron (Chicago O’Hare) y otras que son decididamente inampliables siguiendo las pautas originales (JFK Worldport, Montevideo, Charles de Gaulle terminal 1).
Ezeiza es un caso raro, porque tenía un crecimiento bien programado, pero con el correr de los años se fue bastardeando.