«San» Jorge Newbery

Llegada del féretro de Jorge Newbery a Buenos Aires a la estación Palermo del FCBAP, el 3 de marzo de 19414 (Archivo General de la Nación).

La prematura muerte de Jorge Newbery, el 1º de marzo de 1914 privó a la Argentina de su primer gran ídolo popular, en el sentido moderno. Sus funerales congregaron una multitud probablemente nunca vista en Buenos Aires y se sucedieron homenajes de todo tipo.

La aviación argentina, un concepto bastante difuso en esa época, no dudó en reconocerlo como su fundador y, con el tiempo calles, clubes y hasta el Aeroparque llevarían su nombre.

Sus restos, luego de un funeral imponente, fueron depositados en el cementerio de la Recoleta, pero pronto surgió la idea de hacer un gran mausoleo en Chacarita, que se inauguró en 1937. El grupo escultórico fue realizado por Hernán Cullen Ayerza.

Capilla ardiente de Jorge Newbery, en la sede de la Sociedad Sportiva (Archivo General de la Nación).

Hay dos formatos básicos para encarar un monumento funerario, representar al protagonista en su plenitud, y el otro es la estatua yaciente del fallecido, sin duda más dramática, pero que no hace justicia a las virtudes de la vida del héroe. Aquí se eligió la segunda alternativa, con una alegoría del cóndor caído. Muy cerca, está la tumba de Gardel, que llevó hasta el extremo la imagen vital, al punto que se la conoce como “el bronce que sonríe”. Quizás el espíritu de Newbery haya estado más en consonancia con la sonrisa que con la muerte.

Vista general del mausoleo de Jorge Newbery, obra del escultor argentino Hernán Cullen Ayerza (foto: Pablo Luciano Potenze).

El punto más destacado del basamento tiene la inscripción “Jorge Newbery – Animador sin igual del deporte argentino”, sin ninguna alusión al tema aeronáutico, que aparece en un costado con otra alusión al tema es la muerte “Murió en Mendoza al preparar la primera travesía en avión de la cordillera de los Andes”. La otra inscripción de la base hace referencia a que el monumento fue construido por suscripción popular.

Con el tiempo fueron apareciendo alrededor del grupo principal todo tipo de placas de homenaje. El diseño, hoy, parece una mala idea, porque las placas de bronce, con el tiempo, se ponen negras, y muchas de ellas están colocadas a mucha altura, por lo que se hace difícil leerlas. Además el mantenimiento no es el mejor.

No obstante ello, es posible ver en los lugares lugares destacados homenajes de la Fuerza Aérea Argentina (1987), el Aero Club Argentino (1988) y la Armada (s/f), y más atrás instituciones tan diversas como la ENET Nº 1 de Haedo, el Instituto Argentino de Historia Aeronáutica, la Escuela de Aviación Militar, el Comité Electrotécnico Argentino, el Leonismo Argentino, el Club Atlético Huracán, el Club Sportivo Jorge Newbery, los conscriptos de la EAM de la clase 1892, el Club Hípico Argentino, el Aero Club La Platas, el pueblo de Chivilcoy y muchas otras que no se pueden leer por diversos motivos. Cuando visité, el lugar, había algunas flores.

Pero además de estos homenajes, que podríamos considerar normales en el mausoleo de un personaje destacado del deporte, la ingeniería y la aviación, hay otras placas que elevan el sentimiento popular hacia Jorge Newbery a un nivel religioso o sobrenatural, Se trata de agradecimientos por favores recibidos, similares a los que se pueden encontrar en santuarios católicos o profanos.

Placas de agradecimiento en el mausoleo. Están cubiertas de telas de araña, como todas, lo que indica que pocos se preocupan hoy por la memoria del personaje.

No superan la media docena, son todas pequeñas y algunas ni siquiera son de bronce. Las que tienen fecha se ubican entre 1992 y 2012. Hay, además, un caso particular de una mujer cuyas hijas cumplieron el deseo de su madre de colocar una placa en la tumba de su ídolo.

Otras placas, más modestas, y la que expresa la voluntad de alguna mujer que lo tuvo como ídolo.

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