Seducir a una azafata

El anuncio de Lord Cheseline, publicado en Primera Plana en noviembre de 1965 (archivo: Pablo Luciano Potenze).

Algunas industrias basan su publicidad en la exaltación de las inseguridades humanas. La cosmética es una de ellas, y su especialidad es señalar defectos físicos, reales o ficticios, imperfecciones imperceptibles de los cuerpos normales y cosas por el estilo.

Quien supere todos estos escollos tendrá un premio único, la capacidad de seducir a los hombres y las mujeres más extraordinarios. En cambio, el castigo para quien no cumpla con las reglas será terrible: la desaprobación de quienes deberían quedar embelesados.

Este aviso del fijador Lord Cheseline, publicado en la revista para empresarios Primera Plana el 18 de noviembre de 1965, tiene un texto apasionante, en el que se destacan todas las características de la publicidad de cosméticos: “pueden sorprenderlo desprevenido con el cabello despeinado o con …polvillo sobre su hombro…”. Difícil imaginar un delito más grave.

Lo interesante, además, es que ha elegido como mujer notable por su belleza, y además exigente y censora del pobre infeliz que no usa el fijador adecuado, a una azafata, uno de los símbolos de la aviación convertido ahora en ideal de mujer.


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