
El día que sonó el último disparo de la Primera Guerra Mundial, todos los participantes, después de cumplir con algunas formalidades como el Tratado de Versailles y la creación de la Sociedad de las Naciones, se pusieron a trabajar seriamente para la próxima guerra. En Europa siempre había sido así, pero ahora, por primera vez en la historia, estos preparativos incluirían a la aviación como arma de primera fila que debía desarrollarse en todo el mundo.
No vamos a detallar cómo se hizo, pero lo concreto fue que donde alguna de las potencias interesadas ponía una línea aérea, inmediatamente las demás trataban de poner otra que compitiera con ella. En este caso competir no era tanto una cuestión comercial, sino que se trataba de algo estratégico. Todas estaban muy subsidiadas por sus gobiernos.
De este modo llegamos a tener en el Atlántico Sur dos grupos de transporte bien definidos, los franceses, representados por la SGA (Société Générale Aéropostale, luego Air France) y los alemanes, que como vencidos en la guerra tuvieron problemas bastante serios para instalarse pero que terminaron haciéndolo bajo el ala de Lufthansa, que controlaba a la brasileña Sindicato Condor, y la alemana Deutsche Zeppelin Reederei.

Compitieron en la ruta entre Santiago de Chile y Europa. Los franceses llegaron un poquito antes, pero los alemanes fueron mucho más contundentes, porque tuvieron mejores aeronaves y una dirección política muy clara. Además, los dos grupos crearon empresas subsidiarias que explotaron parte de sus recorridos y exploraron nuevas rutas en sus países de influencia. Las principales fueron Aeroposta Argentina y Aeropostal (francesas) y SCADTA, Sindicato Condor, Varig, y Lloyd Aéreo Boliviano (alemanas). Nada especial en aquel mundo. Sobre el comienzo de la Guerra apareció LATI (Linee Aeree Transcontinentali Italiane), una empresa italiana que actuó coordinada con las alemanas.
Pero Estados Unidos también actuó en la región a través de Pan American y Panagra, que compartían parte del tramo de la ruta de las europeas y operaban diversos servicios locales.

Pero un día empezó la Segunda Guerra Mundial, y lo que había sido una competencia aparentemente comercial se convirtió en una guerra. Los norteamericanos eran los más interesados en eliminar a los alemanes, porque en el Atlántico sur operaban muchos buques mercantes que eran objetivo fácil para los submarinos alemanes si éstos eran guiados por aviones comerciales aparentemente inocentes.
El Departamento de Estado no se anduvo con miramientos. Ordenó a Panair do Brasil que estableciera rutas en las mismas rutas que hacían los alemanes, y a Standard Oil que cortaran los suministros de combustible a Cóndor y LATI. El resultado fue fulminante y, entre el 15 y el 16 de diciembre de 1941 ambas empresas dejaron de volar.
El problema para Air France fue distinto. El 10 de mayo de 1940 Alemania comenzó la invasión de Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y Francia. Tras una campaña arrolladora, los alemanes entraron en París el 14 de junio y Francia firmó un armisticio el 25. El país quedó dividido en un sector ocupado por los alemanes, y una república títere en el sur, conocida como la República de Vichy.
Air France dejó de operar casi inmediatamente después de la caída de París. Cinco de sus aviones quedaron en el aeropuerto de Pacheco y fueron comprados por el Ejército, que destinó cuatro de ellos a LADE (dos Dewoitine 228 y dos Dewoitine 333). El otro era un Douglas DC-3 que fue la primera máquina de ese tipo que tuvo bandera argentina.
En Brasil los restos del Sindicato Condor fueron comprados por un grupo de inversores locales, que relanzaron la empresa en 1943 con el nombre de Serviços Aereos Cruzeiro do Sul, que en 1945 volaba a Buenos Aires.

Air France volvió a la Argentina en 1947. Lufthansa en 1956.
Imagen de portada:Publicidad del grupo Condor-Lati publicada en La Prensa del 4 de junio de 1940. El avión que ilustra el anuncio es un FW-200 Condor, pero es probable que a esa fecha no estuviera operativo, porque los dos ejemplares que tuvo la compañía fueron tapados por el agua en una inundación en el aeropuerto de Quilmes en abril de 1940 (colección Pablo Luciano Potenze).