Somos limpitos. El vuelo de San Valentín

Aviso publicado por AeroPerú en Buenos Aires, un mes después del fatídico episodio del cólera, destacando su compromiso sanitario con los pasajeros (imagen PLP).

Este aviso que hoy presentamos se publicó en La Nación de Buenos Aires el 15 de marzo de 1992. Parece una pieza institucional, quizás publicado en una campaña relacionada con alguna epidemia, pero detrás de esta aparente inocencia hubo un serio conflicto que suspendió todos los vuelos entre Perú y la Argentina.

La historia empezó el 14 de febrero —día de San Valentín— de 1992, a bordo de un Jumbo de Aerolíneas Argentinas (LV-MLR), que cubría la ruta Ezeiza-Lima-Los Ángeles. El primer tramo transcurrió sin novedad, en Lima hubo algunos cambios en el pasaje y, fundamentalmente, se cargó la comida para el próximo segmento, que fue provista por la firma habitual que prestaba ese servicio, Cocina de Vuelo DoCampo, que cumplía esas funciones desde 1965. El avión despegó hacia Estados Unidos con 336 pasajeros y 20 tripulantes a bordo.

Cuando llegó, uno de los pasajeros, mostró síntomas de graves problemas digestivos y, a pesar de ser atendido inmediatamente, murió. El diagnóstico de los médicos norteamericanos fue que el deceso había sido producido por cólera, una enfermedad infecciosa que podría estar afectando a todos los viajeros de ese vuelo, por lo que las autoridades sanitarias norteamericanas iniciaron un rastreo de todos ellos, que los llevó hasta Japón y Canadá. Finalmente, se registraron más de treinta casos de la dolencia.

El Boeing 747/200 LV-MLR, protagonista del vuelo de San Valentín (imagen Vito Cedrini).

El análisis del caso llegó a una conclusión irrefutable, el bacilo había ingresado a la aeronave en la comida cargada en Lima, más específicamente, en una ensalada de camarones.

La noticia fue difundida en Estados Unidos, pero en la Argentina recién trascendió una semana después y fue un golpe adicional para Aerolíneas, que en ese momento estaba insinuando una insolvencia que nadie quería aceptar y mostrando problemas técnicos frecuentes con sus aviones. En esa misma semana estaba previsto que el presidente de la empresa (Amadeo Riva) respondiera ante las Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados sobre una serie de cuestiones vinculadas con la seguridad, y lo cierto es que no hizo un buen papel.

La empresa trató de deslindar responsabilidades, culpando al proveedor de los alimentos, una opinión compartida por el Ministro de Salud Pública argentino, Julio César Aráoz, que declaró a la prensa que “los víveres cargados en su escala en Lima se hallaban contaminados”. La solución rápida fue no aprovisionarse más en Perú.

Pero los peruanos se defendieron, informando que ese día habían embarcado 2.500 raciones en vuelos de Air France, American, Ecuatoriana, Iberia, LAB y ocho vuelos domésticos peruanos sin ningún problema, por lo que atribuyeron la infección al avión argentino, sin más argumentos. La posición del gobierno peruano fue que la víctima fatal ya había embarcado infectado y que el contagio se había producido a través del uso de los baños del avión.

Siguió una escalada diplomática delirante. El 23 de febrero Perú prohibió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a ese país, al tiempo que su canciller sostuvo que no había ninguna prueba de que la comida embarcada en Lima estuviera contaminada.

La respuesta provino del mismísimo presidente Menem, quien dijo que “el tema no pasa por la Argentina. Pasa por Perú”. Su colega peruano, Alberto Fujimori, sostuvo que Buenos Aires estaba tratando de manchar la imagen del país, agregando que “el problema de esa aerolínea no fue originado aquí en el Perú, eso está comprobado fehacientemente”.

A nivel de los gabinetes de ambos países ministros y secretarios decían de todo sobre las condiciones sanitarias de la otra nación, donde el cólera era una realidad conocida. El Canciller peruano justificó la prohibición de los vuelos en el “comportamiento de los dirigentes de la empresa (que) no ha sido solamente poco usual, sino en cierta forma excesivamente difamatorio para nuestro país”.

Perú no estaba bien posicionado en esta discusión, porque a principios de 1991 se había disparado una epidemia de cólera que afectó a todo el país, que causaría alrededor de 3.000 muertes y que en el momento del vuelo estaba en su pico, a pesar de las medidas sanitarias que se estaban tomando. El flagelo, que se extendió en menor medida a otros países, estuvo presente por varios años en la realidad peruana.

Pero las sospechas sobre Aerolíneas eran muchas, y estallaron aquí el 21 de febrero, cuando en un avión que cumplía el vuelo, Jujuy-Salta-Aeroparque los pasajeros juzgaron que la comida estaba en mal estado, lo que fue informado a la torre del aeropuerto de destino, lo que dio lugar a un vistoso operativo sanitario, con gran despliegue de la policía aeronáutica, ambulancias, sirenas y afines. Fue una falsa alarma, en un ambiente muy tenso que rodeaba a la compañía y a la salud en la Argentina, pero el director de Relaciones Públicas de Aerolíneas declaró a la prensa que “se sirvieron comidas en estado no óptimo en ese vuelo”. Por precaución, se suspendió el servicio de comidas cuando éstas debían cargarse en el noroeste del país.

El tema de la comida en los vuelos de Aerolíneas pronto llegó a los diarios (imagen Clarín, 26 de febrero de 1992).

Al día siguiente, en otro vuelo procedente de Brasil, los pasajeros se negaron a consumir la comida servida por sospechar que estaba infectada con cólera.

En ese mismo mes de febrero de 1992 se declaró una emergencia sanitaria, justamente porque había algunos casos de cólera en el país..

La tensión empezó a bajar el 27 de febrero, cuando los ministros de salud de ambos países decidieron poner fin a la controversia por la responsabilidad del contagio. El argentino Julio César Aráoz sostuvo que “no nos podemos echar la culpa entre dos hermanos latinoamericanos mientras el cólera sigue avanzando”, mientras que su colega peruano, Víctor Paredes Rojas, expresó que “ahora, en términos futbolísticos, estamos empatados y más adelante investigaremos qué fue lo que pasó”.

Pero esto no impidió que la Cancillería peruana, un día después, emitiera un comunicado en el que sostuvo que “el gobierno de Perú reafirma enfáticamente que el resultado de las investigaciones certifica que el contagio del cólera … no se originó en Perú… (y que) se reserva el derecho de reclamar en su oportunidad las compensaciones que correspondan como reparación por el daño que las declaraciones de las autoridades argentinas hayan ocasionado al Perú…”

Los chistes de los diarios pueden ser buenos, malos o regulares, pero siempre marcan la encarnadura de un tema en la sociedad (imagen Clarín, 28 de febrero de 1992).

A principios de marzo el Ministerio de Salud y Acción social Argentino inició una investigación para tratar de determinar qué había pasado en el vuelo y el 7 del mismo mes el ministro Aráoz, en una conferencia de prensa, informó que, a partir de los estudios hechos en Estados Unidos, la infección había sido producida por los alimentos embarcados en Lima. En Perú, las autoridades sanitarias ubicaron a veintiséis pasajeros del vuelo 386 que habían descendido en Lima, procedentes de Buenos Aires, pero ninguno estaba infectado.

Un mes después del fatídico vuelo, AeroPerú publicó en Buenos Aires un aviso en el que resaltaba su compromiso sanitario con sus pasajeros, pero ninguna referencia al caso concreto del vuelo. Ni siquiera menciona la palabra “cólera” y sólo habla del “Flagelo que ataca a nuestra Latinoamérica”.

En ese momento los aviones de Aerolíneas Argentinas tenían incidentes de seguridad todas las semanas, la seguridad en Ezeiza era criticada vehementemente por el embajador norteamericano Todman y se discutían negocios espurios de la Fuerza Aérea, por lo que el cólera era un recuerdo borroso.

Cocinas de Vuelo Docampo sigue siendo el principal proveedor de catering aeron`´autico del aeropuerto de Lima. Éstas eran sus instalaciones en 2013 (imagen Docampo).

El 15 de mayo, en un gesto diplomático raro, Aerolíneas publicó una solicitada en los principales diarios peruanos haciendo público su desagravio al gobierno peruano por las acciones adoptadas inicialmente por la empresa  que conllevaron a la suspensión de las operaciones en el aeropuerto de Lima. Con esto, en el fondo, la empresa argentina estaba asumiendo la responsabilidad por lo sucedido.

Y el 22 de mayo la los aviones argentinos volvieron a aterrizar en Lima, después de más de tres meses de interrupción.

Aerolíneas indemnizó a los pasajeros afectados y sus derechohabientes conforme a las normas legales. El episodio quedó en la memoria aeronáutica como el vuelo de San Valentín.


 

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