Supuestas hazañas, vuelos rutinarios y cigarrillos

La llegada de un Spitfire en la Argentina dio lugar a que los cigarrillos Piloto se identificaran con su tripulante.

El primero en cruzar el Atlántico sur en avión fue Ramón Franco, en 1926. Para la época, fue un vuelo difícil. Con el correr de los años la aviación progresó, y en 1934 se establecieron servicios aéreos postales regulares sin escalas, con bandera alemana. Después vendrían los franceses y, finalmente los italianos. Todos estos servicios se suspendieron con la guerra, pero demostraron que el cruce rutinario era posible.

El 17 de octubre de 1945, al mismo tiempo que se desarrollaban hechos históricos en la Plaza de Mayo, aterrizó en el aeropuerto de Morón un Avro Lancastrian de la British South American Airways (BSAA), una empresa inglesa de transporte aéreo, que poco después reinició los servicios regulares entre ambos continentes. Ahora era más fácil que antes de la contienda, en la que se habían hecho varios miles de cruces rutinarios con aeronaves de todo tipo por esa ruta.

El capitán James E. Storey, que durante la guerra había prestado servicios como piloto de la RAF, pensó en 1947 en la posibilidad de realizar trabajos de aerofotografía en la Argentina, para lo que adquirió como rezago un Vickers Armstrong (Supermarine) Spitfire Mk HF-IX, al que equipó con las correspondientes cámaras fotográficas.

A continuación encaró el vuelo a la Argentina, que se desarrolló en junio de 1947 de modo totalmente rutinario para la época. El único tema que podría haber ofrecido cierta complicación, la navegación sobre el océano, entre Dakar y Natal, lo resolvió acordando con la BSAA que volaría en formación detrás de uno de sus aviones, que tenían un navegador a bordo.

Pero más allá de la poca trascendencia objetiva que tuvo este vuelo, Storey fue recibido en Buenos Aires como un fuera de serie, y su travesía tuvo mucha repercusión mediática, primero como noticia, y luego como idea publicitaria.

Vickers Armstrong publicó en los diarios un aviso en el que combinaba una felicitación a Storey por su “extraordinaria hazaña”, al tiempo que destacaba la calidad del Spitfire, en un momento de la historia en el que ya se sabía que los aviones de pistón no tendrían posibilidades frente a los jets.

Aviso de Vickers Armstrong en La Prensa, del 9 de mayo de 1947. El fabricante califica al vuelo como “extraordinaria hazaña”, y aprovecha el evento para hacer el canto del cisne de los pistoneros, anunciando que podía volar cerca de la velocidad del sonido, algo que finalmente estuvo reservado a los reactores.

Pero la aviación siempre genera entusiasmos, y esta vez se sumaron los cigarrillos Piloto, una marca que hoy no existe y que, a juzgar por lo que se ve en su marquilla, pensaba más en los pilotos navales que los aéreos.

Esta firma tenía en la calle una campaña de piezas gráficas que siempre tenían como título “Un gran piloto” y se referían a diversos líderes deportivos, pero de modo genérico, porque no había personas con nombre y apellido en ellas. La decisión de incorporar a Storey a su publicidad tuvo la novedad del personaje de carne y hueso, con mención a su “emocionante travesía plena de peripecias”, a la que no dudó de calificar de hazaña.

Pero el final de la historia no fue el esperado. Storey no logró interesar al gobierno en la realización de vuelos aerofotográficos con esa máquina, que finalmente sufrió un accidente, quedó fuera de servicio y probablemente haya sido desguazada.

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