Iberia: Mentime que me gusta
La privatización de Aerolíneas Argentinas, en 1990, fue un juego en el que el vendedor sabía que su comprador estaba en bancarrota y se tragó todas sus mentiras, y hasta las celebró. Después vino la tarea de convencer a la opinión pública de las bondades del cambio y, entretanto, se fue demorando el pago y, como era de esperar, las promesas no se cumplieron.