Un avión equivocado y una frase en clave

Boeing 707
Publicidad de Aerolíneas Argentinas publicada en La Nación el 22 de Noviembre de 1966 (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

El 21 de noviembre de 1966 llegó a Buenos Aires el primer Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas (LV-ISA). Fue una fecha destacada en la historia de la compañía, que al día siguiente publicó en todos los diarios el aviso que ilustra este artículo.

Lo primero que detecta cualquier spotter es que el avión de la foto, si bien es un Boeing 707, no está pintado con los colores de Aerolíneas Argentinas. Quizás sea de Pan American, pero está claro que la línea central termina en los parabrisas, mientras que en el diseño de la empresa argentina terminaba en la nariz. Probablemente con la urgencia no consiguieron una foto auténtica, o consideraron que no valía la pena ser precisos en eso.

Siguiendo el texto, aparece la frase “es el primer Boeing que volará con dotación argentina. Por eso será el Boeing que volará mejor”. Parece un texto chovinista más en la historia de la compañía, pero es algo más que eso, porque es una clara explotación de las circunstancias del momento.

Boeing 707
Un Boeing 707 con el esquema original con el que estas máquinas llegaron al país. Como se puede apreciar, la línea central que une las ventanillas desciende hacia la trompa, a diferencia de la publicada en el aviso que comentamos (foto: Vito Cedrini)

El mito

Uno de los mitos urbanos que circulaban en el país en ese tiempo era que los pilotos argentinos eran los mejores del mundo. No sé de dónde salió, pero era algo que se repetía en muchos ambientes, y que acababa de ser reforzado por una circunstancia extrema.

Pocos días antes de la llegada del Boeing, el 28 de septiembre, un DC-4 de la empresa estatal (LV-AGG) fue secuestrado por un grupo nacionalista de dieciocho personas, y a punta de pistola fue obligado a desviarse a las Malvinas. La maniobra del aterrizaje, que se hizo en un hipódromo, fue impecable, nadie fue lastimado, y el avión no sufrió daño alguno.

Evidentemente, la empresa aprovechó esta anécdota para reforzar el mito.

El hipódromo de Port Stanley en 1966 cuando el DC-4 que se ve atrás aterrizó “sin novedad” luego de ser secuestrado. Fue una demostración de la capacidad de la tripulación: Ernesto Fernández García, comandante, Silvio Sosa Laprida, copiloto; Joaquín Soler, radiooperador; Aldo Basatti, mecánico; Ramón Ferrari, comisario y Lucía Lazzarini, auxiliar (foto: archivo Gaceta Aeronautica).

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