Un Hercules que no fue

El aviso que trató de interesar a los argentinos en un Hercules bimotor, publicado en La Nación del 14 de marzo de 1980 y otros diarios locales.

Los aviones exitosos suelen dar lugar a diseños modificados que tratan de aprovechar lo bueno del diseño original y adaptarlo a otros requerimientos, a veces, a pedido de los clientes originales. Por lo general funcionan dentro de ciertos límites, pero no siempre logran consolidarse como productos nuevos.

En términos generales es relativamente sencillo alargar o acortar un diseño, potenciarlo, aumentar o disminuir su carga máxima y su alcance o hacerle mejoras aerodinámicas. Mucho más complejo es convertir un avión de hélices en jet, o cambiar la cantidad de motores, alternativas que casi no registran éxitos o, siquiera, productos aceptables.

El Hércules bimotor

El Lockheed Hercules voló por primera vez en 1954 y, por mérito propio, se convirtió en el símbolo de los transportes militares de la postguerra, al punto de que uno de los puntos básicos del diseño de muchos pertrechos es que se puedan transportar, armados o desarmados, en un avión de este tipo, cuya bodega se convirtió en un standard de la industria.

Como todos, tuvo varias versiones especializadas para tareas muy diversas, y fue un éxito de ventas mundial, lo que dio a su fabricante una buena base de clientes para pensar en nuevas alternativas, aunque la verdad es que todo el potencial de la máquina se fue construyendo a partir de requerimientos de las fuerzas armadas norteamericanas, lo que daba como resultado aviones caros.

Así las cosas, sobre fines de los años setenta, Lockheed propuso, por su cuenta, una nueva versión del avión, con el mismo fuselaje y su volumen de carga, pero propulsado por dos motores en vez de cuatro, lo que lo hacía más liviano y económico, aunque con algunas limitaciones.

Nunca hubo un requerimiento norteamericano por un avión de estas características, por lo que la apuesta era interesar a los países que ya estaban utilizando la versión cuatrimotor, pero que tenían necesidades más modestas que los del avión “completo”, y sobre ellos se concentró el esfuerzo comercial.

Argentina era uno de ellos, y como parte de la acción promocional se publicó en La Nación del 14 de marzo de 1980 el aviso de casi media página que ilustra esta nota.

Era una propuesta interesante, pero el mercado prefirió seguir usando aviones medianos, nacidos como tales, antes que un avión grande achicado. El Hércules bimotor nunca se llegó a fabricar, y el siguiente carguero de Lockheed fue el mayor avión militar construido en Estados Unidos (C-5A).


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