
Parecen dos avisos normales. Quizás se pueda inferir que se trata de una campaña institucional, ya que fueron publicados con una semana de diferencia, el 7 y el 14 de febrero de 1940, en La Prensa de Buenos Aires, pero la realidad estuvo muy lejos de eso.
La Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos fue una empresa argentina fundada por inversores argentinos e italianos en 1935, que siempre tuvo problemas de capital, y por lo tanto todos los problemas imaginables que puede tener una línea aérea.
Inició negociaciones con Littoria de Italia para adquirir hidroaviones Macchi C-94 para doce pasajeros, que se hicieron eternas, y recién en 1938 consiguió que el gobierno le otorgara un permiso para volar de Buenos Aires a Rosario y Montevideo. La iniciación de los servicios se retrasó hasta principios de 1939, operándose inicialmente dos frecuencias diarias entre Buenos Aires y Montevideo en pool con CAUSA, que volaba con Junkers Ju52-3m y ponía la infraestructura.
Los vuelos a Rosario se inauguraron poco después, pero se suspendieron casi en seguida en forma unilateral por la empresa, que por otra parte dio explicaciones que la autoridad consideró poco claras.
Los Macchi volaron desde el primer día con tripulaciones italianas, pero eso estaba prohibido en la Argentina, por lo que la empresa pidió varias veces permisos especiales y los obtuvo, pero el 8 de agosto la Dirección de Aeronáutica Civil le prohibió volar, y los servicios se suspendieron por un tiempo.
Los vuelos siguieron, pero el 3 de febrero de 1940 las autoridades nuevamente obligaron a la Corporación a suspender sus servicios. Esta vez fue la Dirección General de Aeronáutica Naval (que tenía jurisdicción por tratarse de hidroaviones), la que canceló los certificados de aeronavegabilidad de los Macchi, informando que no reunían las condiciones de seguridad requeridas.
Entre bambalinas se supo que, desde seis meses atrás, no se cumplía con las pruebas y revisaciones exigidas por la autoridad naval, que además sostenía que se habían hecho varios vuelos con las máquinas sobrecargadas.
La Corporación emitió un comunicado aduciendo cuestiones burocráticas para explicar la suspensión de los vuelos, e informó que los mismos se seguirían prestando por medio de CAUSA, que por esos días se hizo cargo del total del servicio, aunque debió modificar los horarios.
Así estaban las cosas cuando se publicó el primer aviso de la serie. Si se lo mira con detenimiento, la participación de la empresa uruguaya está destacada, al igual que el “100 x 100 de seguridad”.

Una comisión técnica de la dirección de Aeronáutica Naval hizo una revisión de las aeronaves, y el 12 de febrero la Corporación fue autorizada a reanudar los vuelos. Entonces se publicó el segundo aviso, en el que la participación de CAUSA no está tan destacada, y hay varias apelaciones —sin duda exageradas— a la calidad del material de vuelo.
Sin capitalización propia, y con problemas con los hidros, (la guerra impedía el flujo fluido de repuestos) la Corporación no puedo hacer frente a las obligaciones contraídas para pagar los aviones, lo que hizo que debiera ceder las acciones a sus acreedores, que dieron la administración de la compañía a Fiat Argentina. A mediados de 1941 la aerolínea era totalmente italiana. En 1946 fue comprada por el grupo Dodero.