
Entre 1959 y 1963 Aerolíneas Argentinas actualizó totalmente su flota. En el sector internacional incorporó los Comet 4, y en cabotaje y regional Caravelle y Avro 748. Si consideramos la fecha y la magnitud de las incorporaciones, el proceso fue notable, no sólo por la inversión, sino también por el cambio tecnológico que significó el pasaje de aviones de pistón a jets y turbohélices.
La empresa pensaba en esos años que con aeronaves modernas era posible tener beneficios económicos. El tiempo diría que las cosas no fueron así, pero el intento se hizo. Podrá discutirse si se eligieron los aviones más adecuados, pero no puede discutirse que eran aviones de avanzada tecnológica, con todas las ventajas y desventajas que esto significa.
Esta flota, que la publicidad bautizó como “flota del firmamento” significó, como todo cambio de equipos, la necesidad de encontrar un destino para las máquinas que se reemplazaban. La decisión de Aerolíneas Argentinas, comprometida con el progreso tecnológico, fue vender todos sus aviones de pistón (DC-3/C-47, DC-4/C-54, DC-6, Short Sandringham y Convair 240), para lo que organizó un concurso internacional de precios.
El problema fue que en esos años de incorporación de reactores la demanda de pistoneros era mínima, y los precios viles. En rigor de verdad sólo se vendieron tres Convair 240 (lo más presentable de la oferta) a Paraguay, que los utilizó para crear las Líneas Aéreas Paraguayas. Los DC-6 se usaron un tiempo en rutas domésticas y americanas, pero fueron finalmente transferidos a la Fuerza Aérea, y los hidroaviones tuvieron un fugaz paso por una cooperativa denominada Asociación Argentina de Aeronavegantes que no prosperó, y fueron desguazados.
Los Douglas DC-3/C-47 finalmente fueron transferidos a la Fuerza Aérea, pero un lote de Douglas DC-DC-4/C-54 quedó sin destino. No se vendían, y a Aerolíneas no le servían para transportar pasajeros porque los pasajeros ya estaban conquistados por los turbos. Entonces surgió la idea de promocionar la carga pura, al fin y al cabo eran aviones perfectamente aptos para este destino.
El tema era presentar a Aerolíneas como transportista de carga, algo que nunca había estado realmente en su vocación. Este aviso, publicado en Gente del 23 de noviembre de 1967 (cinco años después de la llegada de los Caravelle y Avro y ocho de los Comet 4) trata de posicionar a la empresa en este mercado. Lo hace de modo algo contradictorio, porque elige como núcleo del mensaje a los aviones, un campo en el que puede ensalzar sus modernos aviones de pasajeros, pero no los de carga y, aunque no lo diga, queda flotando la idea de que los cargueros son máquinas viejas.
La carga aérea es un negocio totalmente distinto del transporte de pasajeros, y la Argentina un país difícil para su implementación. Lo concreto es que la demanda no acompañó a esta oferta, la experiencia fracasó, y los aviones fueron finalmente vendidos en 1970 en el mercado privado.