Volar en 1953

Los pasajeros eran obsequiados con tarjetas postales como ésta, que una vez escritas entregaban a la tripulación, que se encargaba despacharlas sin cargo por el correo de la escala más cercana.

Poca gente viajaba en avión en 1953. Por eso, una de las tareas que tenían las líneas aéreas de entonces era enseñarles a volar a los nuevos pasajeros, acostumbrados a los medios terrestres, lo que se hacía generalmente con diversos tipos de folletos que apuntaban a ese objetivo.

Hoy, más de medio siglo después, estos folletos nos muestran a los viajeros de la era del jet y las low cost cómo era volar en aquellos años.

En este caso, analizaremos el material de Alitalia para su ruta entre Roma y Buenos Aires.

El pasaje

El primer eslabón de la relación de Alitalia con sus pasajeros era pasaje, una versión primitiva pero completa del formato de IATA, uno de los documentos más brillantes de la historia del transporte aéreo, con su sistema de cupones por tramos, encuadernado como librito.

Tapa del pasaje. Tiene un sello que atestigua que fue vendido por Italmar, una empresa marítima.

En las primeras páginas se incluían las condiciones generales de transporte, en inglés e italiano. Estaban en todos los pasajes de IATA y se trata de algo que hoy, entre otras cosas por obra de las low cost, está totalmente desdibujado.

Resumen de las condiciones generales de transporte. Están basadas en la Convención de Varsovia. Hoy son muy distintas.

Y luego, lo fundamental, el detalle del vuelo con un cupón para cada tramo. Con el tiempo se agregaron algunos campos, pero la esencia ya estaba muy bien definida entonces. Cuando llegó el sistema BSP, que fue la primera automatización grande realizada a nivel global, sólo hubo que cambiar un campo. Para mí, sólo tiene una incógnita: ¿por qué a lo largo de toda la vida del formulario las fechas se escribieron sin poner el año del vuelo?

Corazón del pasaje de IATA. Hay que reconocer que fue pensado para un mundo de bolígrafos y papel carbónico, pero fue un formulario muy eficiente, que sirvió de base para los actuales pasajes electrónicos.

El pasaje podía comprarse en una agencia de viajes o en las oficinas de la aerolínea, que en Buenos Aires coincidían con las de la naviera Italmar (todo de la República de Italia). Los pasajeros recibían como obsequio de la compañía un maletín y, además, se les entregaba una check list de los documentos y transacciones que deberían completar para el viaje, algunos obligatorios, otros sólo necesarios.

Check list entregada al pasajero para organizar su viaje.

Pero el elemento diseñado para acercar a un pasajero neófito al vuelo era un folleto ilustrado con formato de tríptico, en el que se detallaban las cosas que iba a ver y sentir durante el vuelo y se le daban consejos. No deja de ser llamativo que se hable del “Douglas Supermaster”, un nombre muy forzado para el Douglas DC-4 Skymaster, pero tiene su explicación. Alitalia era una empresa pobre, que volaba con un avión excedente de guerra, que no tenía cabina presurizada y era claramente antiguo frente a las flotas de sus competidores, integradas por DC-6 y Super Constellation, más veloces y confortables. En este marco, tiene cierta lógica que no se haya abundado sobre el tema.

Algunos párrafos están destinados a tranquilizar a un pasajero que, en gran medida, tenía miedo de volar. Así se califica al despegue como “dulcísimo” y se asegura que “antes de darse cuenta ya estará en el aire”. Casi lo que se le dice a un nene al que le van a aplicar una inyección.

Parte exterior del tríptico.

También se dan seguridades como “No se preocupe mucho por los niños… la hostess les ayudará a tenerlos quietos y serenos” o “su experiencia (de los pilotos) se calcula por millones de Kms volados… Millones!… téngalo presente” u “operarios especializados y técnicos de probada experiencia revisan los más mínimos detalles”.

Un capítulo aparte es la lista de todo lo que está a disposición del pasajero a bordo del avión. El folleto menciona juegos de cartas y ajedrez, diarios, libros, frazadas y almohadas. Además habla de “las deliciosas comidas que le servirán a bordo”, la posibilidad de tener una dieta especial, y los vinos típicos italianos, como los famosos Chianti, Spumante, Cinzano, y otros, sin recargo.

Interior del tríptico.

Un último material que recibía el pasajero era el mapa de su ruta. En este caso se trata de un desplegable con una cubierta donde, con buena calidad gráfica, se detallaba el recorrido. Curiosamente, la contratapa tenía una publicidad de un tercero, la petrolera Shell.

Tapa y contratapa del mapa desplegable.
Mapa de la ruta Roma-Buenos Aires. El formato era 58 × 17 cm.

El desarrollo del viaje

Era un viaje largo. Seis tramos de vuelo, con cinco escalas intermedias y un promedio entre la ida y la vuelta de 38:23 horas de vuelo y 5:45 en las escalas, pero el recorrido de Buenos Aires a Roma era de 41:45 horas, y la recíproca 35. El tramo más largo, entre Natal e Isla de la Sal requería de 10:15 horas y la vuelta 9:07. El más corto, Río San Pablo, estaba en el orden de 1:40 horas.

Era un esfuerzo físico importante, aunque los asientos fueran más anchos que los actuales y hubiera más espacio para las piernas.

Un último folleto, nos muestra la programación de la actividad en cada momento del viaje, y el detalle nos muestra que había once servicios de comida en el viaje hacia el sur y trece hacia el norte.

Distribución de las actividades durante el vuelo.

En el vuelo desde Roma había dos desayunos, tres aperitivos, dos almuerzos, una cena, y tres refrigerios en tierra, mientras que el que partía de Buenos Aires incluía dos desayunos, tres aperitivos, dos almuerzos, dos cenas y cuatro refrigerios en tierra. En algunos casos estos servicios se anticipaban en el aire para los pasajeros que desembarcaban en la próxima escala, cuando en ésta estaba prevista alguna comida.

No sabemos cómo eran los menúes. Sólo conseguí uno que corresponde, presumiblemente, a un desayuno, que habla de huevos, pan, manteca, mermelada, jugo de naranja, té o café con leche o chocolate.

Menú de un desayuno, escrito a máquina sobre un formulario tipo.

 

4 comentarios sobre “Volar en 1953

  1. Buenisimo sobre como era volar en un DC4. Vole mucho en ese avion, pero solo dentro de Argentina.Los felicito.

  2. Excelente (como de costumbre) la nota de Pablo Potenze sobre la aviación comercial en los 50. Solo quería agregar que en los 40 y quizás hasta entrados los 50 en los viajes a Chile, donde el avión tenía que tomar más altura, le daban a todos los pasajeros máscaras de oxígeno por unos 30 minutos y además repartían antes del despegue una funditas de celofán para colocar la lapicera fuente ante la posibilidad de derrame de la tinta por las diferencias de presión.

  3. Hermoso recuento de esas épocas de aviación comercial. De niño viaje primero en DC-3 que en transporte de bus urbano

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