Desde la intervención rusa en Ucrania y la continua interceptación de aviones de origen ruso en el Atlántico Norte o el Mediterraner, la NATO se centró casi exclusivamente en lo que podría ser el resurgimiento de la Guerra Fría. Una vez más los países europeos integrantes de la Alianza Atlántica pecaron de ingenuos y miraron para otro lado. El lado de los viejos fantasmas es menos comprometido que el de las nuevas amenazas, que requieren una acción rápida, firme y permanente.
En plena crisis de Ucrania y con la alarma cundiendo entre los antiguos miembros del Pacto de Varsovia (hoy socios mimados de la NATO), se intentó incluso cambiar de escenario las Trident Juncture y trasladarlas al Este de Europa. España se opuso, y contó con el decisivo apoyo de los Estados Unidos. Posteriormente, el alto mando aliado admitió que hubiera sido un error haber trasladado la ubicación del ejercicio.
A las puertas de la NATO golpean la inestabilidad que se ha extendido tras la primavera árabe, la guerra civil siria, la presencia de Al Qaeda en Malí o la irrupción del Estado Islámico en Libia. Esto evidencia que los riesgos procedentes del Sur no son menos graves, pero sí más azarosos, que los del Este.
Distinguished Visitors Day
Finalmente Jens Stoltenberg, el Secretario General de la NATO, reconoció en su visita al Centro Nacional de Adiestramiento (CENAD) de San Gregorio en Zaragoza (España), que: “…la inestabilidad y los riesgos del flanco sur están ya muy cerca de las fronteras de la OTAN…”. Esto, en clara referencia al conflicto sirio y el caos libio, que obligan a la Alianza Atlántica a acelerar sus planes de vigilancia aérea en el Mediterráneo[1].
“El escenario no es real, pero los beneficios en forma de experiencias y lecciones son muy reales”, señaló Stoltenberg. El mensaje que se quiere enviar a los potenciales enemigos, llámense Rusia o el Estado Islámico: “La NATO está perfectamente preparada para defender a cualquier aliado de cualquier amenaza”.
Por su parte el ministro de Defensa español, Pedro Morenés aseveró que: “…la mirada de la OTAN debe abarcar un horizonte de 360 grados”. Eso quiere decir que la NATO Reaction Force, con hasta 40.000 soldados, y su punta de lanza, la fuerza conjunta de alta disponibilidad con 5.000 efectivos, debe estar preparada para desplegarse en cualquier lugar en que se produzca la amenaza y cualquiera que sea la naturaleza de la misma: convencional, híbrida o asimétrica. La NATO Reaction Force será liderada por España en 2016 y deberá desplegar sus primeros efectivos en el terreno de conflicto en solo 48 horas.
La visita del Secretario General de la NATO acompañado del ministro de Defensa español, se dio en el marco del Distingued Visitors Day correspondiente al ejercicio Trident Juncture 2015 realizado de manera conjunta en España, Italia y Portugal, y que contó con la participación de unos 36.000 efectivos de 30 países, 140 aeronaves y 60 buques. Trident Junture se convirtió automáticamente en el mayor despliegue conjunto de la NATO de los últimos 13 años.
Las maniobras
Trident Juncture puso a prueba la capacidad de los aliados para adaptarse a un escenario voluble y afrontar una gama heterogénea de amenazas de manera conjunta.
Bajo la atenta mirada de cientos de espectadores civiles y militares, dos cazabombarderos B-52 cruzaron el cielo aragonés. En una clara y típica demostración de fuerza estratégica, volaron non-stop desde Estados Unidos.
Se inició así la Demostración Terrestre Pesada Conjunta, que mostró las capacidades de medios y personal en lo que teóricamente seria la fase decisiva una operación ofensiva de asalto. El esquema de maniobras programado permitió observar a las fuerzas de la NATO de 12 Estados miembros, mientras ejecutaron un ataque simulado contra fuerzas enemigas convencionales y una formación irregular (OPFOR)[2][3].
La situación táctica al momento de la demostración consistió en una retirada de la OPFOR realizada durante los días anteriores que ya había evitado enfrentarse directa y abiertamente a las fuerzas de la NATO. La OPFOR en retirada se hizo fuerte en el pueblo simulado llamado “Casas Altas”[4], donde también conviven fuerzas irregulares radicalizadas. El conjunto de integrantes englobados en la OPFOR ha sido acorralado y degradado, no permitiéndosele la continuación de las operaciones a gran escala.
Con este marco táctico, las unidades de la fuerza de la NATO ejecuto la operación en cuatro fases:
- Aproximación a una línea de asalto explotando la superioridad aérea y poder de fuego. El asalto aéreo comenzó con la intervención de helicópteros Longbow Apache cumpliendo funciones de ataque y escolta armada.
- Penetración de la línea defensiva de la OPFOR, salvando fortificaciones y teniendo en cuenta el esquema de dispersión de la defensa, mediante un asalto aéreo realizado con helicópteros CH-47F del US Army, quienes desplegaron fuerzas de Bélgica, Italia y los Estados Unidos.
- Ataque con unidades mecanizadas Alemania, España, Estados Unidos, Estonia, Letonia y Lituania. Así se vieron sobre el terreno los movimientos de los carros pesados M1A Abrams y Leopard 2E, además de los ligeros Centauro. También se desplegaron VEC y Bradley. En tanto se procedió a la limpieza de zonas minadas y al ataque de infantería transportada por diversos vehículos APC. En paralelo también se ejecutó una operación de rescate de rehenes, llevada a cabo por la NATO Special Forces Task Unit.
- Con la OPFOR cercada y derrotada, se procedió a la evacuación médica desde el espacio de batalla.
Las operaciones terrestres fueron apoyadas en todo momento con medio aéreos combinados integrados por aeronaves tanto de alas fijas como rotativas de rotativas de España, Republica Checa y Estados Unidos. Intervinieron sobre el terreno los HAD Tigre, los Mi-171 y los UH-60. Entre tanto, dos aviones L-159 Alca dieron cobertura aérea a la intervención, siendo relevados por una pareja de EF-18M Hornet.
El colofón a la parte “aérea” del ejercicio, lo puso el salto de 500 paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada acompañados por una treintena de militares españoles de la Brigada Paracaidista (Bripac). Los paracaidistas norteamericanos y españoles saltaron desde siete aviones C-17A Globemaster que llegaron directamente desde Fort Brag (Carolina del Norte)[5], empleando un tiempo de vuelo de unas diez horas aproximadamente. Una demostración más de la capacidad de respuesta y despliegue rápido de la NATO.
NOTAS:
[1] Entre otras medidas España anunció la incorporación al Ejercito del Aire de cuatro General Atomics MQ-9 Reaper Block 5, en tanto Estados Unidos comenzará a desplegar a la base italiana de Sigonella cinco UAVs Northrop-Grumman RQ-4 Global Hawk.
[2] Todo ello teniendo en cuenta que la simulación de la operación se llevó a cabo en un tiempo y espacio muy delimitados.
[3] El personal integrante de la Opposite Force (OPFOR) fue seleccionado entre las fuerzas españolas y norteamericanas.
[4] El paisaje del zaragozano campo de maniobras de San Gregorio brindó una ambientación con un aire a los pueblos de Medio Oriente o del norte de África. El denominado poblado de “Casas Altas”, cuenta con viviendas de color beige claro y techo plano, especialmente diseñado para el entrenamiento en combate urbano.
[5] Las máquinas quedaron en la Base Aérea de Zaragoza a la espera de regresar posteriormente a los Estados Unidos.
Colaboradores destacados en Trident Juncture 2015: Miguel Ángel Blázquez, José Luis Franco y Sergio Ruiz.