
Como absolutamente todas las aerolíneas del mundo, Flybondi tuvo un capítulo político, que empezó con la decisión del gobierno de Macri de abrir el mercado a la participación de nuevos transportistas. Era fácil de decir, pero fue un proceso difícil de poner en marcha, en el que todos (gobierno, oposición y empresas) cometieron todos los errores imaginables y tuvieron algunos aciertos.
Los protagonistas principales fueron Julián Cook, cabeza visible y vocero de la empresa y Guillermo Dietrich, ministro de Transporte que, a veces, parecía ser accionista de la empresa. El campo de batalla principal fueron las redes sociales, un terreno en el que Flybondi siempre se movió con soltura. Del otro lado estuvo toda la prensa kirchnerista, los sindicatos y varios trolls.
Posicionar una nueva línea aérea, en una Argentina que había combatido, de un modo u otro, con todos los competidores de Aerolíneas Argentinas, no era fácil. Flybondi optó por presentarse como algo absolutamente nuevo, sin pasado —que no lo tenía— y propuso un ideal que siempre atrajo al público: las bajas tarifas.
La primera noticia sobre la existencia de la empresa fue el edicto de su creación, que se publicó en el Boletín Oficial del 30 de Junio de 2016 y la primera aparición en un medio informativo fue una pequeña referencia en Air Transport World, el 30 de septiembre, en donde se avanzaba con la noticia de que sería una low cost. Al día siguiente el portal chileno En vivo desde SCL se hizo eco de la información agregando algunos comentarios y la noticia salió en La Nación de Buenos Aires el lunes 3 de octubre.
La empresa no tenía nada, pero dio mucha información a la prensa sobre lo que tendría y lo que haría, lo que le permitió, desde el primer momento, crear expectativas, sobre todo en materia de precios. Para el público su modo de contacto fueron las redes sociales, donde estuvo activa desde principios de 2017.
Lo primero fueron pedidos de personal, algo que, sin ser político, mostraba que se estaban creando puestos de trabajo de todo tipo, algunos muy especializados. Luego se anunciaron todos los pasos que se fueron dando.

Una de las primeras tareas que debe desarrollar una nueva empresa de aviación, sobre todo si es low cost, es ponerse en contacto con las autoridades políticas de sus escalas para negociar todos los temas locales que se puedan negociar, desde el uso de cualquier infraestructura hasta exenciones impositivas, culminando con subsidios directos. A veces son beneficios que se dan a cualquier empresa, otras veces se inventan para algún caso particular que pueda justificarse. Pasa en todo el mundo, incluida la Argentina, desde los tiempos de Aeroposta. Flybondi no fue la excepción y se reunió con muchas autoridades provinciales, algo de lo que dejó constancia en las redes.

La empresa amarilla (el color se conoció desde el principio) debió explicar varias cosas antes de empezar a volar. La primera fue qué era una low cost, y la segunda que el concepto de low cost no significaba vuelos inseguros. Después de estas prioridades, hubo algunos temas más políticos, como la condición de argentina de la compañia y el uso de El Palomar. El gobierno colaboró en estos mensajes, sobre todo en lo relacionado con la seguridad.

En septiembre de 2017 vio la luz un newsletter denominado Lo mejor de la semana, en el que se informaba sobre lo que estaba haciendo la empresa. El locuaz Julián Cook y su perro Nelson fueron los principales personajes del nuevo medio.

Al mismo tiempo que Flybondi iba haciéndose conocer y proponía novedades que parecían positivas, el sector aeronáutico nacionalista tradicional, que siempre enfrentó a cualquier competidor local de Aerolíneas Argentinas, empezó a desperezarse y actuar para que Flybondi y el resto de las nuevas compañías creadas a la sombra de la revolución de los aviones desaparecieran.

La hora de la verdad
Flybondi empezó a volar regularmente el 26 de enero de 2018. Como toda empresa nueva, tuvo sus sobresaltos, pero pudo mantener la regularidad prometida, con las limitaciones de una política de operaciones pensada sobre la base de que los aviones no tendrían ningún percance, algo que no sucedió y dio lugar a demoras y cancelaciones que no fueron muy bien resueltas. Con pocos aviones y horarios exigentes no se podían hacer milagros, y no se hicieron (ver Flybondi (II): La realidad). La empresa trató de mostrar una puntualidad que no tenía, e hizo todas las trampas tradicionales en este tema. Pero, promediando el año, ya estaba instalada en el mercado y podía mostrar la realidad de que los pasajeros la elegían.

La campaña publicitaria de Flybondi estuvo fundamentalmente en las redes, pero abarcó, en menor medida, todos los otros canales tradicionales. El principal argumento, directa o indirectamente, eran los precios, pero se tomaba muchas licencias y siempre mostraba buen humor, con algunas ideas fijas recurrentes, como las mascotas.

En noviembre de 2018 lanzó una campaña bastante amplia, que además de las redes estuvo en varios medios de la vía pública, en la que invitaba a los legisladores, cuyos gastos en pasajes de Aerolíneas eran permanentemente criticados por la opinión pública, a ahorrar en ese aspecto volando por la low cost.

El mensaje era muy directo, casi agresivo y, como era de esperar, no logró nada concreto, pero fue un tiro por elevación al uso de Aerolíneas por parte de la administración pública.

Desde principios de 2019 volvió el tema de la argentinidad de la empresa, que se trató de resaltar con una larga campaña en redes en la que, con diversas imágenes, se decía que Flybondi era más argentina que la mano de dios, el fernet con coca, el pan con manteca y azúcar, el colectivo, el 6-0 a Perú, jugar al truco después del asadito, las alpargatas, el dulce de leche, un aplauso para el asador, los feriados puente, la frase de Balá un kilo y dos pancitos, la milanga a caballo con fritas, el comandante Ricardo Fort, La Mona Jiménez y algún otro símbolo popular de la patria. Nunca se metió con el tema Malvinas.

Flybondi siempre pidió total libertad para fijar tarifas, lo que significaba eliminar la tarifa mínima, algo que era visto con terror por el transporte terrestre y con malos ojos por Aerolíneas Argentinas. El objetivo se cumplió a fines de julio de 2018, cuando una resolución del Ministerio de Transporte oficializó la libertad total para fijar precios. Inmediatamente la empresa amarilla mejoró sus ofertas, cuyo piso se ubicó en los 199 pesos. Aerolíneas se ubicó en 500.
En febrero llegó la oferta de pasajes a un peso pero, sumadas las tasas y los impuestos, los pasajeros debían pagar más de doscientos. Cuando entró JetSmart al mercado, se hizo cargo de las tasas, y Flybondi la siguió. En la publicidad del hot sale de mayo ésta resucitó como lema un dulce recuerdo de los viajeros internacionales, el uno a uno, que estuvo nuevamente en la calle.

El año electoral
2019 fue un año electoral, que se calentó al rojo vivo después de que en las elecciones primarias de agosto el kirchnerismo venció al oficialismo de Macri por amplio margen. Si esta tendencia se confirmaba en las elecciones generales de octubre, era de esperar que la política aerocomercial cambiara.
Flybondi hizo campaña para que los electores usaran sus servicios para concurrir a los comicios y llegó a ofrecer, a quienes habían volado en sus aviones para votar en las PASO, pasajes gratis para votar en las generales.

El 25 de septiembre de 2019 la justicia impuso una restricción horaria de 22 a 7 para la operación en El Palomar, lo que fue un duro golpe para el funcionamiento de la empresa que, además reclamar usando herramientas legales, hizo una campaña en las redes destacando las molestias para los pasajeros y las pérdidas de toda la cadena de valor afectada por la medida.

Además de esta campaña “formal”, Flybondi tomó la decisión de mantener sus oficinas abiertas, por unos días, de 22 a 7 horas, el horario en el que estaba cerrado El Palomar.

A medida en que avanzaba el clima electoral, pareció que Flybondi estaba dándose vuelta y haciéndose kirchnerista. En octubre hizo circular un banner que decía simplemente “el cielo es de todos”, pero en ese momento la alusión al opositor Frente de Todos era insoslayable.
La idea incluso se reforzó, si se analiza el criterio utilizado para fijar afiches en las calles de Buenos Aires.

El Frente de Todos ganó las elecciones, y se esperaban tiempos duros para Flybondi, que a esta altura de la historia tenía más de 570 empleados directos y cinco aviones que volaban a 19 destinos argentinos y extranjeros. Desde su nacimiento había transportado más de 2.500.000 pasajeros, pero su punto débil era la puntualidad y la confiabilidad de su flota, que tenía fallas que generaban la cancelación de muchos vuelos. En enero de 2020, según las mediciones de la ANAC, tuvo el 9% del market share de cabotaje.
Julian Cook, declaró entonces que, ante el regreso del peronismo, se iría del país, definiendo al partido ganador de las elecciones como un «cáncer». Inmediatamente la empresa le pidió la renuncia como CEO e hizo las consabidas piruetas diplomáticas para enfriar la cuestión, diciendo que las opiniones de Cook eran de carácter personal y no reflejaban ni representaban los intereses de la compañía.
Cook fue reemplazado por Sebastián Pereira, y su salida marcó el fin de los perros en la publicidad de Flybondi, amén de un estilo algo menos chispeante.

La pandemia

La pandemia se instaló en el país en el verano de 2020, lo que obligó a Flybondi a suspender todos sus vuelos regulares el 25 de marzo. En ese momento las cifras de las encuestas de apoyo a la gestión del presidente Fernández eran muy altas, y el mensaje que dio Flybondi en las redes se sumó a ellas, diciendo que era un “momento de confiar en el capitán”.
La actividad se redujo a algunos vuelos de repatriación, y la publicidad, en la medida en que no había vuelos para vender, se limitó a tratar de mantener el espacio logrado en la opinión pública.
En abril, a partir de una maniobra a la que se prestó AA2000, comenzó el proceso político de cierre de El Palomar, algo que volvió a poner la publicidad de Flybondi en clave política.

En julio inició una campaña en redes con el lema “El Palomar es mi casa”, en la que destacó las fuentes de trabajo que se habían creado a partir de la operación de ese aeropuerto, e incluyó una recolección de firmas.
También se realizaron algunos actos públicos, no muy masivos, uno de los cuales fue convocado a Plaza de Mayo. El lema de Flybondi ahora era “El Palomar o nada”. Aunque nunca más volvió a operar desde ese aeropuerto, tampoco fue nada, porque se trasladaría a Ezeiza y Aeroparque.

El 12 de diciembre de 2020 Flybondi reinició sus operaciones, que habían estado suspendidas durante aproximadamente nueve meses.
Después de la pandemia quedó bastante claro que Flybondi estaba instalada en el mercado. Había superado todas las maniobras que buscaron tumbarla y, quizás por eso, hubo menos turbulencia política en su contra, por lo que no tuvo necesidad de tocar ese tema en su publicidad. Mantuvo el lema “la libertad de volar”, pero no pasó de ahí.