
La FIT América Latina (Feria internacional de Turismo de América Latina) es una de las ferias de este tipo más importantes de la región, y la principal que se realiza en la Argentina. Abrió sus puertas por primera vez en 1995 y su sede es La Rural.
Después de la inevitable caída producida por la pandemia, este año el sector está retomando su impulso tradicional y, según sus organizadores, convocó a más de 127.000 personas, pero hay que destacar que se desarrolló en un espacio mucho menor que el que ocupaba en el predio antes de la pandemia.
La crisis estuvo presente, porque la cantidad de expositores fue menor que en otras épocas, y su configuración fue distinta. Instituciones estatales que nunca se supo por qué estaban allí redujeron su participación, y también se notó una retracción de los expositores internacionales —salvo Italia que vino con toda la furia— La gran oferta estuvo del lado de los destinos domésticos, que mostraron un esfuerzo importante y justificado por vender sus servicios.
El sector aerocomercial, desde hace varios años, no es un participante activo de este encuentro, pero hay que destacar que en esta edición las tres empresas que hacen vuelos regulares en el país estuvieron presentes con stands bien puestos y atendidos para la ocasión.

En síntesis, una exposición cabal de lo que está haciendo una industria que después de la pandemia está tratando (y logrando) volver a su posición y hasta superarla. Las empresas turísticas locales pusieron todo lo que tenían, muchos extranjeros vinieron a verlo, una verdadera vidriera del país.
Nada podría haber desentonado, pero la vocación de mediocridad de la Argentina siempre está allí. Como todo el mundo sabe, en el turismo prácticamente los pagos se hacen por medios electrónicos, y en nuestro país la aceptación de los mismos es obligatoria en todas las operaciones comerciales, algo que solamente tratan de esquivar algunos comercios de muy baja categoría que operan claramente en la economía informal.

Pero la FIT América Latina 2023 prefirió el estilo de las verdulerías de barrio que trabajan en negro, y exigió el pago en efectivo de la entrada. Un símbolo contundente de que no todo lo que reluce es oro.

¿Se puede ser menos profesional?
¿Se puede ser más trucho?
¿Se puede ser más berreta?
Una clara muestra de autodesprecio del sector, y espejo de cómo opera el merado turístico en Argentina.