El cuidado de la salud siempre fue un tema que estuvo presente en la aviación. Al principio fue la resistencia del cuerpo a las alturas y las grandes velocidades, y, pasando por muchísimas etapas, ahora el problema es el tamaño y la separación de los asientos. Algunos dicen que todo se soluciona con una Aspirina.
La Aspirina es una droga conocida desde fines del siglo XIX que tiene muchos efectos terapéuticos, verdaderos e imaginarios. Recuerdo que mi abuelo, a mediados del siglo pasado, contaba chistes que ridiculizaban lo que ya entonces se decía de ella. Además es uno de las medicamentos más divulgadas en el planeta, lo que genera negocios importanes, y hasta tiene la extraña característica de ser un trofeo de guerra, porque los vencedores de la Primera Guerra Mundial expropiaron la fórmula, entonces celosamente registrada por los laboratorios alemanes Bayer, y eso permitió que fuera un producto de libre fabricación y comercialización, algo que ha contribuido a su universalización.
Las revistas de a bordo
Desde hace décadas (en Argentina desde 1937) los pasajeros de los aviones reciben distintos tipos de revistas para lectura a bordo editadas por las aerolíneas. Se trata de un género particular, que combina las publicaciones de viajes con información sobre la compañía y sus flotas, recomendaciones de seguridad y política aérea.
Hay varias contradicciones editoriales, porque en una página se habla de la seguridad y naturalidad de la aviación y en la siguiente se dan instrucciones para abandonar la aeronave en caso de emergencia, pero la mayor parte del material está referido a los destinos de la empresa. Los avisadores, por lo general e incluidos los de las low cost, ofrecen productos que son, o quieren ser, de lujo.

En general estos medios son un negocio ajeno a las aerolíneas, impulsado por empresas editoriales que entregan las publicaciones llave en mano, pagan un canon y financian todo con la venta de publicidad. Por supuesto, la línea editorial es de las aerolíneas.
Con estos usos y costumbres, será muy extraño que en una de estas revistas se publicara algo que resaltara la insalubridad de la aviación comercial, pero eso fue lo que encontraron los pasajeros de LAN-Chile que recibieron el número de octubre de 2002 de Mundo del Sur, el medio de la compañía. No era un artículo, era un aviso de dos páginas enfrentadas de la empresa farmacéutica Bayer, en el que se dice cosas como las siguientes:

- “Quienes acumulan mayor cantidad de millas en sus planes de viajero frecuente también incrementan el riesgo de padecer el Síndrome del Viajero.
- “El Síndrome del Viajero (…) se produce por el desarrollo de obstrucciones vasculares en las venas de las piernas, debido a prolongados períodos de inmovilidad en los estrechos asientos de los aviones.
- “Las condiciones al interior del avión colaboran para incrementar el riesgo: baja presión atmosférica (…); baja humedad del aire y déficit de oxígeno en la cabina.
- “Jethro Tull, uno de los representantes emblemáticos del rock progresivo, debió interrumpir la gira que tenía planificada (…) debido a que su líder, Ian Anderson, se vio afectado por este síndrome, luego del prolongado viaje entre Londres y Sidney.
Realmente, es una invitación a no viajar en avión, que se complementa con un apartado sobre los grupos de riesgo, donde se habla de “evidencias relacionadas con esta patología vascular que pone en riesgo la salud y, en algunos casos, la vida de quienes realizan viajes frecuentes y de larga duración…”. El estilo no puede ser más escandaloso.

Pero en la vida siempre hay solución, y la solución es la Aspirina. En la misma pieza publicitaria nos enteramos de que “Aspirina ha demostrado ser una medida eficaz para prevenir los riesgos de este síndrome que constituye un riesgo para los viajeros frecuentes” y, como si esto fuera poco, “Aspirina es el único analgésico que a dosis bajas y regulares también protege su corazón”.
Me pregunto dónde estaba la gracia de los chistes de mi abuelo, cuando la ciencia moderna tiene estos mensajes de la realidad.