
La foto corresponde a una tripulación de Aeroflot en 1973. Podría haber sido de cualquier otra línea, podría ser de este siglo o de una fecha muy anterior. Los uniformes de los pilotos de línea adoptaron un modelo alrededor de 1930 y, en un mundo en el que la única constante es el cambio, hoy siguen siendo variantes del mismo diseño…
Al principio las carlingas eran abiertas, y hacía frío allá arriba. Era lógico que la ropa de trabajo fuera fundamentalmente abrigada. Por eso a los pilotos de línea de los primeros tiempos, se los ve con cascos e indumentaria de cuero, antiparras y, como detalle de moda, un cigarrillo en la boca.
Pero mirando otras fotos, nos encontramos con que debajo de esos abrigos muchas veces se ocultaba una camisa blanca con una corbata, y hasta un traje de calle.

Así la necesidad física de abrigar, rápidamente encontró la manera de convivir con la elegancia de la corbata. Lo que no se modificó por mucho tiempo fue el casco de cuero, todo un símbolo de los pilotos de la época.
En el entorno de 1930 hubo un cambio fundamental en el diseño de los aviones de transporte, porque los Laté 28, Ford 4AT y Junkers Ju-52, por citar a los más notables de cada país, tuvieron carlingas totalmente cerradas y calefacción, lo que hacía innecesarios los abrigos de cuero y las antiparras. Ahora los pilotos podían vestirse de modo análogo a sus pasajeros y por lo tanto podrían confundirse con ellos.

Dentro de una lógica que buscaba distinguir a los protagonistas de los vuelos, y superada la necesidad de los abrigos y los cascos, es comprensible que las empresas de aviación, como alguna vez habían hecho las navieras, buscaran uniformar a su personal de vuelo. Se dice, y probablemente sea cierto, que el ideólogo de los nuevos uniformes fue Juan Trippe, CEO de Pan American, y uno de los personajes más creativos de la historia de la aviación comercial, que decidió adoptar para su empresa, que en ese momento estaba encarando las rutas del Pacífico, uniformes inspirados en los que usaba la US Navy, esto es trajes oscuros y gorra característica, al principio sin galones en las mangas.

En el Reino Unido, que en ese momento estaba impulsando las rutas de Imperial Airways, se dio un fenómeno análogo, porque hubo una época en la que los abrigos de cuero convivieron con las corbatas.

Pero hubo algunas particularidades antes de adoptar el modelo definitivo. Algunas se debieron al clima de los lugares donde operaba la empresa, que exigían ropas livianas y otras incluyeron un aire militar en los diseños.

Sin embargo, la tendencia hacia el traje oscuro adoptado por Pan American se impuso también entre los británicos, que hacia mediados de la década ya lo estaban usando como norma. Después se extendió al resto del mundo, dando a los pilotos un vestuario absolutamente uniforme.

Después de la guerra no hubo cambios importantes en el vestuario. Algunos pilotos ex militares volaban en aviones civiles con condecoraciones cosidas en sus uniformes, pero no mucho más.

Y la llegada de los modernos turbohélices de la postguerra, tampoco ameritó un cambio en el uniforme de sus pilotos.

Ni tampoco los jets, que llegaron poco después.

En Argentina, las tripulaciones de Aerolíneas Argentinas no se diferenciaron mucho de las del resto del mundo, adoptando desde el primer momento el vestuario tipo.

La única alternativa que existió al traje oscuro fue, inevitablemente, la posibilidad de que el piloto se sacara el saco, en cuyo caso lo que quedaba a la vista era una camisa blanca, pero con charreteras que reemplazaban a los galones para indicar la jerarquía de cada tripulante.
Hay que reconocer, no obstante, que las normas de elegancia que regían hasta hace unos años desaconsejaban andar en mangas de camisa, por lo que hay poquísimas fotos de pilotos con esta indumentaria. Presumimos que no siempre volaban con el saco puesto, pero la evidencia es escasa. En las escalas, el saco era riguroso.

La aviación siguió cambiando, el progreso tecnológico fue asombroso, pero los pilotos se siguieron aferrando al uniforme tradicional.

Y hasta hubo cambios de imagen profundos, que llegaron hasta los uniformes de las azafatas, que conocieron muchas variantes, sobre todo en los años sesenta y setenta del siglo pasado, pero los pilotos siguieron usando traje oscuro.

La llegada de las mujeres a los puestos de pilotaje de las grandes aerolíneas, algo que fue muy pausado a partir de los años sesenta, podría haber sido un buen punto de partida para innovar en los uniformes, pero no fue así. Simplemente se adaptaron los trajes oscuros al cuerpo femenino, a veces se cambió el pantalón por una pollera y en algunos casos se modificó la corbata o se cambió por un pañuelo.

Han pasado más de ochenta años desde que Trippe copió los uniformes de la marina norteamericana para los pilotos de Pan American y, aunque cueste creerlo, esos uniformes son lo único visible que no cambió de los viajes aéreos.

Trippe, el gran visionario, eligió el unfirme marino porque quería contrarrestar el aura de irresponsabilidad que rodeaba a los pilotos, debida sobre todo a los «barnstormers» que surgieron después de la primera guerra mundial. Para otorgarle respetabilidad a los aviadores, llamó a los comandantes «capitán» y a los coplilotos «segundo oficial» y a los tripulantes de cabina «steward» y a los aviones «Clipper» por los veloces barcos mercantes de los EEUU que surcaron el Pacífico durante el siglo XIX. Y el unforme de los pilotos no habrá cambiado, pero sin duda sigue siendo muy elegante y da, sin duda a quienes lo llevan, esa imagen de respetabilidad que Trippe buscaba.