Aerolíneas Argentinas: El cambio de imagen que no fue
La privatización de Aerolíneas Argentinas fue, entre otras cosas, un proceso de degradación de una imagen instalada en el mercado, que después no se pudo solucionar, aunque se intentó.
La privatización de Aerolíneas Argentinas fue, entre otras cosas, un proceso de degradación de una imagen instalada en el mercado, que después no se pudo solucionar, aunque se intentó.
Cuando hay un cambio de gobierno, automáticamente, surge la pregunta sobre qué hacemos con Aerolíneas Argentinas. Algunas administraciones dan respuestas más claras y otras sólo aportan vaguedades. Pero la pregunta es equivocada, porque debería ser qué hacemos con el transporte y con la aviación civil. Después viene la línea aérea, o las líneas aéreas.
Javier Milei fue elegido presidente de Argentina y empezaron los nervios en muchos sectores. Aerolíneas Argentinas se ha convertido en un caso testigo para juzgar la injerencia de la política y el Estado dentro de una empresa.
Aerolíneas Argentinas, desde el día de su fundación, es una empresa deficitaria, que subsiste porque el Estado cubre sus déficits. Incluso en los tiempos en que fue privada dio pérdidas.
Las líneas aéreas creadas por el régimen peronista a partir de 1946 tuvieron la misión de unir todo el país con Buenos Aires, superponiéndose en gran medida con la red ferroviaria, mejorado en mucho los servicios aéreos existentes y creando otros nuevos. Además, tuvieron que informar a todos que había un nuevo modo de viajar por la Argentina. Aerolíneas Argentinas fue la que concluyó esta misión.
Aerolíneas cree que sólo es viable como empresa monopólica, una fórmula de mediados del siglo pasado que hoy no aplica, porque el transporte aéreo es una de las actividades más competitivas del planeta. Parecería que dentro de la empresa todos piensan que el caso argentino es único y debe ser preservado para siempre, siguiendo el mandato divino de 1950.
En medio de un optimismo a toda prueba, las tres principales compañías aéreas argentinas hicieron diversos anuncios en la última edición de la FIT de América Latina. Aunque cuando escarbamos un poco, todo son incertezas.
A fines de 2000, cuando el gobierno español no sabía cómo sacarse de encima a una moribunda Aerolíneas Argentinas, Patricia Bullrich fue designada ministra de trabajo, con el objetivo principal de desarrollar una importante reforma laboral, pero terminó enredada con la empresa aérea, buscando que los sindicatos acordaran con la política española. No lo consiguió.
En los últimos tiempos Aerolíneas Argentinas ha hecho diversos anuncios que nos muestran una empresa con todas las características de las sociedades estatales: vocación de crecimiento, incapacidad para asociarse con el sector privado y pérdidas importantes.