Victoria. ¿Victoria?

Poster conmemorativo del cruce del Atlántico por Mermoz. Está encabezado por la frase “El mundo debe sus alas a Francia” y destaca la primera travesía comercial del Atlántico Sur como una hazaña francesa. Era cierto, pero no se pudo sostener.

Es absolutamente cierto que hay muchas versiones de la historia y que, según quien las escriba, tienen matices, que a veces pueden ser mucho más que matices. En aviación, donde compitieron países poderosos con sus empresas designadas era imposible que esto no ocurriera.

En la Argentina —y en muchos otros lugares— nos contaron una historia del transporte aerocomercial de raíces francesas, lo que se explica fácilmente si se tiene en cuenta que el ingreso del país a los grandes mercados aerocomerciales se hizo a partir de la actuación de la Compagnie Générale Aéropostale, que era el instrumento elegido por Francia para operar en el Atlántico Sur. Es cierto que casi en seguida aparecieron en nuestro horizonte aeronaves con otras banderas, pero quienes echaron raíces sentimentales más profundas fueron los franceses, que además dejaron en el país una subsidiaria —Aeroposta Argentina— que puede considerarse el germen de Aerolíneas Argentinas.

Los franceses empezaron a desarrollar su línea aérea del Atlántico Sur en 1918, y los alemanes lo hicieron casi al mismo tiempo. Inmediatamente se entabló una inevitable carrera internacional por ser el primero en establecer el servicio postal. Era una cuestión de prestigio y un negocio postal importante.

Hubo algunas diferencias operativas entre ambos, pero los resultados fueron bastante parejos, y el gran problema común que compartieron fue la imposibilidad de cruzar el océano volando, por lo que, al principio, ambos operaron ese tramo de 3.200 kilómetros con vapores rápidos.

El aviso que ilustra esta nota es un poster realizado para conmemorar el primer vuelo postal francés sobre el Atlántico realizado en 1930. Parece la consagración del esfuerzo iniciado doce años antes para establecer el correo aéreo entre Francia y América del Sur, pero en realidad oculta un fracaso político y tecnológico de los franceses en esta ruta.

El Laté 28 F-AINQ Comte de la Vaulx en Senegal, poco antes del histórico vuelo (imagen Archivo).

El 12 de Mayo Jean Mermoz despegó de Saint Luis en Senegal acompañado por el copiloto y navegador Jean Dabry, y el radiotelegrafista y también navegador Léopold Martial Émile Gimié y, luego de volar veintiuna horas, aterrizó en Natal, llevando 130 kilos de correspondencia. Había logrado ser el primero en hacer el cruce llevando una carga postal comercial.

Pero fue un vuelo realizado en condiciones marginales en un Laté 28 —bautizado Comte de la Vaulx— al que, por razones políticas se le habían colocado flotadores (increíble pero cierto, el gobierno francés exigía que los vuelos largos sobre el mar se hicieran en hidroaviones, lo que reducía significativamente las performances de las aeronaves).

Para el regreso Mermoz debió hacer 53 intentos para poder despegar a carga máxima, y el motor falló durante el viaje, debiendo aterrizar junto a un buque de auxilio de la compañía.

No se podía pensar en una prestación comercial con ese material, y el servicio se mantuvo utilizando los buques rápidos.

Mermoz, Dabry y Gimie en Saint-Louis, antes del vuelo transatlántico (imagen Air France).

Con un perfil técnico totalmente distinto del francés, cinco días después de que Mermoz hiciera su cruce, el 18 de mayo, el dirigible Graf Zeppelín (LZ-127) despegó de Friedrichshafen en un vuelo que, luego de algunas escalas arribó a Recife el 22 de mayo, siguiendo luego a Río de Janeiro, donde amarró el 26. También era un vuelo experimental, pero transportó pasajeros, carga y correo, demostrando que el enlace comercial era posible. Posteriormente regresaría a su país pasando por Estados Unidos.

Los franceses estaban lejísimos de poder hacer algo siquiera parecido y lo sabían, pero no dejaron de destacar que fueron los primeros.

Para el archivo

El primer cruce en avión del Atlántico Sur lo realizaron los portugueses Gago Coutinho y Sacadura Cabral, en 1922, siguiendo la ruta Lisboa-Las Palmas-Sao Vicente (Cabo Verde)-Porto Praia-Fernando de Noronha-Recife-Salvador-Porto Seguro-Vitoria-Río de Janeiro. Destruyeron dos aviones en el camino, pero con el tercero pudieron completar al viaje (ver Un billete, un vuelo histórico, un hidroavión de bronce, otro de chapa de acero y otro de verdad).

Los siguieron los españoles Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada en el Plus Ultra (un Dornier Wal) en 1926 (Palos de Moguer – Las Palmas – Cabo Verde – Fernando de Noronha-Pernambuco-Río- Montevideo-Buenos Aires).

Francesco de Pinedo, Carlo del Prete y Vitale Zaccetti hicieron un vuelo en 1927 que partiendo de Italia llegó a Buenos Aires, continuó a Estados Unidos y retornó a Europa

En el mismo años el Portugués Sarmento de Beires, acompañado por Duvalle Portugal, Jorge de Castilho y Manuel Gouveia en otro Dornier Wal, volaron con varias escalas de Lisboa a Brasil, cruzando de Sogá a Natal, en el que fue el primer cruce nocturno del Atlántico Sur.

Finalmente Arturo Ferrarin y Carlo del Prete, en 1928, volaron sin escalas de Roma a Touros en Brasil en un Savoia Marchetti S-64.

Cronológicamente siguieron Mermoz y el Graf Zeppelin, que hizo luego tres cruces en 1931 y nueve en 1932.

En 1931 Ítalo Balbo, piloto y ministro del Aire de Italia, completó un vuelo en escuadrilla con varias escalas entre Orbetello y Río. Partieron catorce Savoia y llegaron once.


 

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