
William Juan Reynal, gestor de ALA y Austral desde fines de los años cincuenta hasta 1980, fue uno de los pocos grandes empresarios aeronáuticos argentinos, cronológicamente después de Shirley Kingsley y Ernesto Pueyrredón.
Hijo de padres argentinos, nació por un azar en Estados Unidos, siendo el mayor de cinco hermanos. Se recibió de Bachelor of Economics, en la Universidad de Nueva York, y sus primeras actividades estuvieron asociadas a la ganadería, tras lo cual retornó a Estados Unidos, donde incursionó en diversos negocios, sobre todo financieros.
En 1958 se vinculó con la empresa Aerotransportes Litoral Argentino, de la que fue director, ingresando así al negocio en uno de los momentos más agitados de su historia en la Argentina.
Encaró una misión imposible: desarrollar una empresa aerocomercial privada en un ambiente en el que toda la política (en esos tiempos hay que decir civil y militar) pensaba que ésa era una tarea del Estado a través de Aerolíneas Argentinas pero, como consecuencia de su impulso, Austral Líneas Aéreas estuvo cerca de lograr su objetivo, porque llegó a tener una magnitud inesperada y su caída se debió, más que a errores propios, a un acoso político.

Una parte no menor de su gestión fue el impulso que Reynal dio al turismo, por medio de Sol Jet, una empresa que prácticamente “inventó” los charters en la Argentina, para lo que desarrolló una amplia red hotelera y de servicios terrestres. Así, puede decirse que Reynal enseñó a volar a las clases medias Argentinas, que hasta ese entonces no pensaban en que estos servicios podían estar a su alcance y, por ello, merece un lugar principal en la lista de los impulsores de nuestro transporte aéreo.
Además de Austral, estuvo vinculado al Banco Internacional, Liquid Carbonics, Cities Service Development, empresas de seguros y petroleras. Nunca abandonó su relación con el turismo, a través de la empresa Alta Patagonia.
También se dedicó, en las sombras, a la política. Se lo sindica como uno de los financistas de la revista Confirmado, que curiosamente estuvo dirigida durante un tiempo por el comodoro Güiraldes y, en el final de su carrera en Austral, vivió intrigas relacionadas con la estatización.
En suma, no fue un personaje perfecto, pero fue alguien que hizo mucho por el desarrollo del transporte aéreo en la Argentina.