
Cuando hay una revolución, el orden se subvierte, la gente sale a la calle, hay enfrentamientos y rapiñas, se abren las cárceles, y hasta se incendian los edificios del gobierno. Pero lo fundamental, es que la población no reconoce a las autoridades constituidas y trata de instalar un nuevo orden.
La reciente firma de la Resolución 80/2019 de la ANAC, que deja sin efecto la puesta en vigencia de una serie de reglamentaciones objetadas por los sindicatos, es una muestra cabal de que aquí hay una revolución, pero no la revolución que proclaman las autoridades, sino la revolución que están llevando adelante los sindicatos de Aerolíneas/Austral, para trastornar el orden instituido en el sector aeronáutico y hacerse cargo del poder en el mismo.
Es una lucha vieja. Fue evidente en 1986, con las grandes huelgas de Aerolíneas Argentinas que tuvieron a la empresa parada durante semanas. En aquel momento la empresa despidió a sus 560 pilotos y salió a buscar reemplazantes por el mundo, pero el Poder Ejecutivo no lo soportó y negoció con los huelguistas el fin del conflicto que, como era de esperar, no fue el fin, sino una tregua.
Pasaron muchísimas cosas desde entonces, pero lo fundamental es que por la empresa y por la autoridad aeronáutica desfilaron decenas de funcionarios improvisados que no tenían idea de lo que es conducir una línea aérea en la Argentina, mientras que por los sindicatos pasaron muy pocos dirigentes que siempre tuvieron el mismo objetivo. El resultado está a la vista.

El poder
El poder en el ámbito aeronáutico (nada que ver con el “poder aéreo”, que es otra cosa) tiene dos bastiones fundamentales, que son la ANAC y Aerolíneas/Austral, y un tercer objetivo que hoy está en letargo (FAdeA).
La lucha por la ANAC llevó décadas para sacar la autoridad aeronáutica de la órbita de la Fuerza Aérea, lo que se consiguió en marzo de 2007 con la creación de este organismo, que empezó a funcionar sobre fines de ese año, con las atribuciones que antes había tenido el sector militar en materia de aviación civil.
Pero la sorpresa para la “familia aeronáutica”, que estaba esperando ser convocada para hacerse cargo del organismo, fue que sus máximas autoridades fueron políticos sin ningún antecedente relacionado con las aeronaves. La puja por el poder en la ANAC es incipiente, y tiene otros actores, que son los vinculados con la aviación general, los aeroclubes y muchísimas pymes. De todos modos, los sindicatos también están presentes.
En Aerolíneas/Austral ocurrió lo mismo con respecto a los directivos improvisados, pero allí los sindicatos controlan la revolución, porque tienen el poder de bloquear el transporte aéreo argentino, y lo ejercen.
FAdeA, en la medida en que casi no produce nada y su único cliente identificable es el Estado, no vive en la misma situación, pero tiene potencial si vuelve a fabricar algo (no necesariamente aviones).

Una cuestión que no puede pasarse por alto cuando se habla de lucha es la profesionalidad de los contendientes. Los sindicatos, sin duda, la tienen y tienen experiencia, pero cuando miramos a nuestra aviación general, los aeroclubes y las pymes aeronáuticas, resulta evidente que son recién llegados a este teatro de operaciones y, a pesar de que están trabajando para adaptarse a la realidad, todavía tienen mucho camino por andar (ver ¿Volverán las cámaras aeronáuticas?).
No conocemos el futuro pero, por ahora, en el ambiente aeronáutico los que mandan son los sindicatos. Quizás no tanto como a ellos les gustaría y, seguramente, lo han logrado, más que por sus méritos, por la manifiesta incompetencia de los funcionarios, pero ésa es la realidad.