
Todos los medios de transporte generaron sistemas específicos de equipaje. El avión no fue una excepción y sigue generando nuevas categorías de bagajes.
Durante muchos siglos los animales de silla fueron la base del transporte de personas, y las alforjas, en variantes muy diversas porque no era lo mismo un equino, un camélido o un elefante, fueron la norma. No estaban pensadas para grandes pesos y volúmenes, porque la capacidad de carga de las bestias era una limitación importante.
Después vinieron los carruajes y los buques, que permitieron llevar baúles, que dieron lugar a las primeras cosas que hoy llamaríamos valijas o maletas, que se adaptaban bien a esos medios.
A principios del siglo XX los equipajes, con variantes muy grandes de calidad y ornamentación, eran fundamentalmente de madera y cuero, con herrajes metálicos, lo que no quita que los emigrantes de la tercera clase pudieran usar cualquier otra cosa, a veces alforjas pensadas para otros usos o bolsas. Además, dadas las características de la ropa elegante de la época, había verdaderos roperos para viajes, donde las prendas se colgaban de perchas. Un capítulo aparte eran las cajas para sombreros, por lo general de cartón.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial irrumpió el avión como medio de transporte, y pronto se comprobó que el equipaje usado hasta ese momento no era adecuado, fundamentalmente por su peso, ya que ahora había serias limitaciones en la materia, pero también por sus dimensiones. Había que cambiar.
La contienda había aportado algunos nuevos materiales, como las telas impermeables livianas, usadas en el equipaje militar, los cierres de cremallera y muchas técnicas textiles. Los fabricantes de marroquinería se enfocaron a ellos. Ahora las valijas para avión eran fundamentalmente de tela, con refuerzos de cuero y cierres de cremallera. Llevó un tiempo lograr modelos eficientes.
El paso siguiente lo dieron las líneas aéreas, que promediando los años cincuenta tomaron la costumbre de regalar a sus pasajeros valijitas de mano con el logo de la empresa. Por supuesto, era equipaje liviano, fundamentalmente de tela con cremalleras. Después estos elementos sólo se regalaban en primera clase, pero al mismo tiempo apareció una industria del merchandising aeronáutico, que incluyó toda esta marroquinería.

Posteriormente vinieron otros materiales, como los compuestos y el aluminio, que nunca desalojaron a las telas. Después apareció otra marroquinería que buscó decir “yo soy aeronáutico” con un criterio más de culto a la personalidad de su dueño que de promoción específica.

Y un día llegaron las low cost, con extrañas condiciones para transportar equipaje, pago o no pago, con dimensiones particulares, totalmente arbitrarias. Y como no podía ser de otra manera, aparecieron fabricantes de equipajes para low cost con productos para respetar esas reglas.
