Equipaje aeronáutico

Promoción de un “equipaje liviano para viajes aéreos”, publicada en la revista Qué sucedió en 7 días, del 26 de agosto de 1947.

Todos los medios de transporte generaron sistemas específicos de equipaje. El avión no fue una excepción y sigue generando nuevas categorías de bagajes.

Durante muchos siglos los animales de silla fueron la base del transporte de personas, y las alforjas, en variantes muy diversas porque no era lo mismo un equino, un camélido o un elefante, fueron la norma. No estaban pensadas para grandes pesos y volúmenes, porque la capacidad de carga de las bestias era una limitación importante.

Después vinieron los carruajes y los buques, que permitieron llevar baúles, que dieron lugar a las primeras cosas que hoy llamaríamos valijas o maletas, que se adaptaban bien a esos medios.

A principios del siglo XX los equipajes, con variantes muy grandes de calidad y ornamentación, eran fundamentalmente de madera y cuero, con herrajes metálicos, lo que no quita que los emigrantes de la tercera clase pudieran usar cualquier otra cosa, a veces alforjas pensadas para otros usos o bolsas. Además, dadas las características de la ropa elegante de la época, había verdaderos roperos para viajes, donde las prendas se colgaban de perchas. Un capítulo aparte eran las cajas para sombreros, por lo general de cartón.

Un aviso de equipajes publicado en La Prensa del 22 de agosto de 1945, muestra bastante bien las opciones, que van de la “valija ropero” rígida, que no se adapta a las bodegas y los costos del transporte aéreo, hasta la “valija para avión muy liviana”, que también tiene perchas, pero es de construcción mucho más pequeña y flexible y, por otra parte, es la más cara de todas.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial irrumpió el avión como medio de transporte, y pronto se comprobó que el equipaje usado hasta ese momento no era adecuado, fundamentalmente por su peso, ya que ahora había serias limitaciones en la materia, pero también por sus dimensiones. Había que cambiar.

La contienda había aportado algunos nuevos materiales, como las telas impermeables livianas, usadas en el equipaje militar, los cierres de cremallera y muchas técnicas textiles. Los fabricantes de marroquinería se enfocaron a ellos. Ahora las valijas para avión eran fundamentalmente de tela, con refuerzos de cuero y cierres de cremallera. Llevó un tiempo lograr modelos eficientes.

El paso siguiente lo dieron las líneas aéreas, que promediando los años cincuenta tomaron la costumbre de regalar a sus pasajeros valijitas de mano con el logo de la empresa. Por supuesto, era equipaje liviano, fundamentalmente de tela con cremalleras. Después estos elementos sólo se regalaban en primera clase, pero al mismo tiempo apareció una industria del merchandising aeronáutico, que incluyó toda esta marroquinería.

La clásica foto de Ezeiza. Un pasajero desciende de un Boeing 707 de Air France llevando en su mano izquierda la valijita de la compañía (archivo).

Posteriormente vinieron otros materiales, como los compuestos y el aluminio, que nunca desalojaron a las telas. Después apareció otra marroquinería que buscó decir “yo soy aeronáutico” con un criterio más de culto a la personalidad de su dueño que de promoción específica.

Una valija con las ventanillas del cockpit de un Airbus. Aunque sirve para su uso específico, también está diciendo algo de su dueño.

Y un día llegaron las low cost, con extrañas condiciones para transportar equipaje, pago o no pago, con dimensiones particulares, totalmente arbitrarias. Y como no podía ser de otra manera, aparecieron fabricantes de equipajes para low cost con productos para respetar esas reglas.

Mochila para low cost. Obviamente se vende por internet.

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