Aerolíneas Argentinas: Todo es según el color del cristal con que se mira

Los hoteles aportan al producto de una nación de la misma manera que una línea aérea estatal, pero no reciben los mismos subsidios (imagen PLP).

Aerolíneas Argentinas, desde el día de su fundación, es una empresa deficitaria, que subsiste porque el Estado cubre sus déficits. Incluso en los tiempos en que fue privada dio pérdidas.

Entre los empleados de la empresa circula una leyenda que dice que durante el último gobierno militar tuvo beneficios, pero no es verdadera, eran los tiempos de la plata dulce en los que era posible tomar créditos para cualquier cosa, y la empresa los aprovechó pero, cuando los acreedores reclamaron lo suyo fue el llanto y crujir de dientes que impulsó la privatización.

La triste realidad. Esta solicitada (hubo otras) marca el final de los tiempos de la plata dulce, cuando el gobierno militar estaba en retirada (Clarín 22 de septiembre de 1983).

Como a nadie le gustan las empresas públicas que producen quebrantos al tesoro nacional, las autoridades no tienen más remedio que dar explicaciones. Los argumentos utilizados varían con el tiempo, pueden ser políticos, ideológicos, comerciales o lo que cuadre en cada momento. En este menester, además, las autoridades casi siempre tienen la colaboración de los trabajadores, por la sencilla razón de que el trabajo en el Estado siempre tuvo algún tipo de prebendas que este sector —terriblemente conservador— busca mantener. Parecería que hay una relación directa entre trabajo estatal, empresas ineficientes y pérdidas, pero como hay muchos (dentro y fuera de las empresas públicas) que viven bien de esta situación, se desarrolla una estructura semántica en defensa de que todo siga igual.

Hace algunos años, la IATA empezó a llamar la atención sobre el aporte que hace la industria del transporte aéreo, en su conjunto, al desarrollo de los países. La intención original era, en un momento, en el que las aerolíneas de todo el mundo estaban mostrando ganancias pequeñas, lograr reducir las cargas de todo tipo que pesaban sobre la industria.

Pero la idea se desnaturalizó, porque de ahí nació un juego de argumentaciones que algunos trataron de usar para justificar sus pérdidas, como ocurre con el caso de Aerolíneas Argentinas.

Las cifras decían que la aviación era un poderoso motor del desarrollo de cualquier nación, y pronto aparecieron consultoras que hacían los cálculos y los publicaban prolijamente. El resultado fue que todos salieron a mostrarse como campeones del progreso económico de todos. Hasta existe un documento de Iberia sobre su impacto económico en la Argentina, pero nadie piensa aquí que haya que subsidiar a Iberia por eso.[1]

Informe de Iberia sobre su impacto en la economía argentina. Absolutamente todas las aerolíneas que operan en el país, nacionales o extranjeras, públicas o privadas, podrían hacer un trabajo de este tipo.

A fines de 2015 Aerolíneas Argentinas encargó a Oxford Economics —la consultora que hizo los primeros cálculos para IATA y la principal generadora de este tipo de información a nivel mundial— un trabajo que se llamó The Economic Impact of Aerolíneas Argentinas, cuya tesis fue que la empresa aérea hacía una contribución de 2.600 millones de dólares al producto bruto del país, a lo que se sumaban 41.100  puestos de trabajo (11.000 propios, el resto indirectos e inducidos), a los que habría que adicionar 28.000 asociados al turismo.

La conclusión inmediata que los defensores de Aerolíneas sacan de este trabajo —que fue escrito para sacar esa conclusión— es que poco importa que Aerolíneas Argentinas pierda uno o dos millones de dólares diarios, por el aporte que hace la empresa a la economía nacional. Así de simple y evidente.

El primer trabajo que hizo Oxford Economics, en noviembre de 2015, sobre el impacto económico de Aerolíneas Argentinas.

Pero —estas cosas siempre tienen peros— es que no hay ningún problema en invertir los términos de la ecuación de manera que favorezcan a otro actor. Así las cosas, podemos utilizar el mismo andamiaje para decir que en realidad es el sector hotelero el que produce todo lo que se atribuye a Aerolíneas en materia de impacto económico, o el sector gastronómico, o el de las excursiones, o cualquier otro de los involucrados. En otras palabras, aquí se muestra a Aerolíneas Argentinas como la heroína de la película pero, dadas las características de la película, cualquiera de los personajes podría serlo, basta con ordenar los factores para lograr esa conclusión. Si lo pensamos bien, es una acción colectiva que no tiene un protagonista destacado.

Por lo tanto, estamos ante una ecuación indeterminada, que tiene muchas soluciones y ninguna sirve para probar algo concreto, y menos para tomar la decisión de subsidiar a una empresa aérea estatal.

Asimismo, hay algo de perverso en el razonamiento de la empresa estatal, que considera que todos los sectores del sector de viajes y turismo menos uno deben esforzarse para lograr los ansiados beneficios. ¿Por qué la empresa estatal no debe esforzarse al igual que los otros integrantes del sector? ¿Tiene coronita?


NOTA:

[1] En Europa se han dado casos de países o regiones que han hecho pagos a empresas extranjeras, generalmente low cost, por aportar pasajeros a lugares determinados. Fue motivo de discusión vehemente en la UE. Algunos de los casos más notables fueron Charleroi/Bruselas y Girona.


 

Un comentario sobre “Aerolíneas Argentinas: Todo es según el color del cristal con que se mira

  1. El artículo es muy interesante pero no comparto la mirada desde donde se pone el foco, quizás una mirada direccionada a justificar si la empresa merece o no merece una subsidio y pienso que el problema está mucho más lejos de esto, tenemos un país que tiene subsidiado el gas, la luz, el agua, el transporte en tren, Subte, colectivo, hay subsidio de trabajo, familia, alimentos, estudios, salud, etc. básicamente los subsidios nacen de una necesidad social y a raíz de un pueblo mayormente pobre, imposible de comparar con países europeos u otras potencias mundiales, aqui ya nace una diferencia a considerar.

    Nuestra comparación quizás debería hacerse con países de cultura y economía similares y en la actualidad ni siquiera podríamos compararnos con países y economías de la misma Latinoamérica ya que estamos muy debajo de la línea de adquisición económica per cápita. Esta situación pone a cualquier empresa ante una problemática para operar ya que la misma inestabilidad económica se transforma en inestabilidad operativa, haciendo que nadie vaya a querer arriesgar una operación a destinos no rentables e incluso de un día al otro ante un pequeño cambio económico, las rutas o la misma empresas pudrían desaparecer de un día al otro como ha pasado en la historia misma de las líneas aéreas que operaron en argentina, dejando desconectado a todo un país en muy poco tiempo, también situación que sucedió en nuestro país en distintos periodos.

    Argentina no es un país como los que se utilizan para teorizar sobre conectividad aérea , ni sobre creaciones de empresas privadas, sumado a esto que las distancias y las escasas posibilidades alternas de comunicación en muchos destinos tampoco existen, ejemplo la inexistencia de circuitos ferroviarios o de redes de transporte automotor , rutas acordes para el transporte terrestre y lugares topográficos adversos donde las condiciones meteorológicas no permiten la conexión los 365 días del año por medios terrestres, por lo tanto tampoco hay un plan B de conexión como si lo hay en la mayoría de del países del mundo.

    En fin creo que este tipo de opiniones y decisiones merecen estudios serios y profesionales y no una mirada simplista , con intereses políticos o de distintas ideologías, debemos detenernos una vez y ponernos a trabajar en este tema en serio, de lo contrario seguirá siendo solo opiniones de café, bien clásico de nuestra cultura nacional en la que todos tenemos una manera distinta de solucionar todos los tipos de problemas como un sabelotodo.

    Ojalá quienes cuenten con esta responsabilidad tomen esta tarea profesionalmente y no una vez mas como un capricho emocional. Un gran abrazo!

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