Fadea ya no es una fábrica de aviones
Suena duro, pero admitirlo es el primer paso que hay que dar si queremos tener una industria aeronáutica equivalente a la que alguna vez llevó adelante la Fuerza Aérea Argentina.
Suena duro, pero admitirlo es el primer paso que hay que dar si queremos tener una industria aeronáutica equivalente a la que alguna vez llevó adelante la Fuerza Aérea Argentina.
Como en todos los países, el transporte aéreo argentino ha sido subsidiado de modos diversos a lo largo de su historia, por lo general sin políticas claras, tomando al tema como una fatalidad inevitable. Mientras que en otras tierras se asumió que la actividad podía ser rentable y trabajó para eso con medidas legales y otras, Aquí la única idea fue y es privatizar Aerolíneas Argentinas, algo que no va a solucionar el problema.
Las rutas aéreas son necesidades nacionales de cada país. A veces se pueden mantener por sus propios medios y otras no, de donde surge la necesidad de subsidios que, con mecanismos diversos, se dan en todos los países del mundo desde el principio de la actividad.
Los AeroCommander fueron algunos de los primeros bimotores de negocios introducidos en el entorno de 1950, que presentaban varias novedades que debían ser ofrecidas a un mercado que mayoritariamente no conocía este tipo de aviones.
El 13 de marzo de 1992 el Departamento de Transporte norteamericano pidió a las aerolíneas de su país que informaran a sus pasajeros que, de acuerdo con las normas de la OACI, el aeropuerto de Ezeiza no era seguro frente a atentados terroristas.
A fines de enero de 2024 el Ministerio de Defensa, en total sintonía con el posicionamiento político del presidente Milei, abandonó las gestiones para la compra de cazas chinos y se enfocó definitivamente en la opción por los F-16 ofrecidos por Dinamarca, que no incluía la parte electrónica ni el armamento, que serían provisto por Estados Unidos.
Promediando 2011 la situación financiera de la Fuerza Aérea era insostenible, con la mayor parte de su flota fuera de servicio. Pero en situaciones de emergencias, el componente militar sacó las papas del fuego.
A fines de los años setenta Argentina tenía fuerzas aéreas (naval y terrestre), relativamente bien pertrechadas sobre la base de equipos fundamentalmente importados, comprados a proveedores occidentales. Pero en 1978 la enmienda Humphrey-Kennedy cambió las reglas de juego, cerrando las puertas a la venta de material norteamericano. Esta realidad llevó a la Fuerza Aérea a explorar proveedores inéditos, no sólo de aviones de combate, con el resultado de la compra de aviones rusos Su-29, que llegaron en 1997, y helicópteros Mil Mi-17 en 2011.
La historia del reequipamiento de la Fuerza Aérea Argentina después de la Guerra de Malvinas, empezó antes de la guerra, en 1978. El país, en ese momento, no tenía grandes necesidades de compra, porque en los años previos se había equipado para una eventual guerra con Chile por cuestiones fronterizas. Fue la Guerra de Malvinas, que destruyó la capacidad militar de la FAA, a lo que se sumó la crisis económica posterior a la guerra, que puso en evidencia la fragilidad de la política del endeudamiento sin restricciones seguida durante la última dictadura militar.
Como todos los años, las líneas aéreas se preparan con optimismo para la temporada alta argentina reforzando sus servicios, aumentando la cantidad de aeronaves de sus flotas y buscando los mejores argumentos promocionales para atraer a los viajeros.