Salvemos a Flybondi y JetSmart
Se vienen tiempos difíciles para las empresas y los trabajadores aeronáuticos. ¿Hay posibilidades de subsistencia aparte de los eventuales salvatajes impulsados por el Estado?
Se vienen tiempos difíciles para las empresas y los trabajadores aeronáuticos. ¿Hay posibilidades de subsistencia aparte de los eventuales salvatajes impulsados por el Estado?
Mil veces se habló de crisis en el transporte aéreo. Algunas fueron graves y mundiales, otras sólo fueron importantes para una región o un país. Algunas fueron reales, otras un invento para pedir o justificar subsidios. Hasta ahora, todas tuvieron algún tipo de solución, pero dicen que el coronavirus es un fenómeno distinto, y quizás sea cierto.
Santiago/Arturo Merino Benítez tuvo el triste honor de ser el aeropuerto de partida del último vuelo de un Boeing 747 de la empresa australiana Quantas. La crisis del coronavirus cobró otra víctima y forzó el retiro anticipado del servicio del majestuoso modelo de Boeing.
En cualquier reunión en la que se hable de aviación en la Argentina, ya sea en un café o en una universidad, en una empresa o en un partido político, inevitablemente, alguien dirá, con tono grave: “—Aerolíneas tiene que hacer carga aérea…” y, también inevitablemente, la respuesta será positiva, como si esa fuera la salvación de la empresa.
Aerolíneas Argentinas, desde hace setenta años, carga con cierta obligación de marcar los paradigmas de la actividad, algo que quizás no le corresponda, pero que hasta ha figurado veladamente en sus estatutos. Con el cambio de gobierno, parece que estos paradigmas van a cambiar una vez más.
En el despacho del gobernador de la provincia de Buenos Aires hay tres maquetas de aviones de Aerolíneas/Austral pero, ¿Merecen estar ahí a partir de la actitud de la empresa con la provincia?
Aerolíneas Argentinas, después de veinte años de operación, acaba de retirar del servicio a su último A340, un avión que llegó más por casualidad que por planificación, y al que le cabe el título —hasta ahora— de haber sido el último cuatrimotor operado por la empresa.
Aerolíneas Argentinas ha generado algunas frases encarnadas profundamente en la “argentinidad”. La primera, en los años cincuenta, fue “su compañía”, y otra fue “todos somos Aerolíneas Argentinas”, a fines del siglo pasado. Ambas fueron consecuencia de momentos especiales en la historia de la empresa,
Duplicar la cantidad de pasajeros, consolidar a Aerolíneas/Austral y mejorar la infraestructura fueron los objetivos de la revolución de los aviones. Son metas difíciles de alcanzar, pero relativamente fáciles de analizar y medir.
Debió haber sido la revolución de todos los aviones, pero se limitó al transporte aéreo, donde la ecuación parecía sencilla: con los bajos valores de penetración que había en 2015, sólo era necesario aumentar la oferta, ocuparse de la infraestructura y mejorar algo los precios para lograr un crecimiento espectacular y sostenido. No era tan fácil.