La presencia de un portaaviones de la Armada de los Estados Unidos en aguas sudamericanas constituye siempre un acontecimiento novedoso para el público general y con importantes implicancias en el ámbito geopolítico. Sin embargo, la edición 2026 del despliegue Southern Seas adquiere un carácter excepcional ya que estará protagonizada por el histórico USS Nimitz (CVN-68), en lo que podría representar su último despliegue operacional antes de su retiro.
Un despliegue con significado estratégico y simbólico
El ejercicio Southern Seas 2026, es el undécimo realizado desde el año 2007 a la fecha, y está organizado bajo el alero del U.S. Southern Command y la U.S. Fourth Fleet. incluirá ejercicios con las armadas de Argentina, Brazil, Chile, Colombia, Ecuador, Peru, Mexico, El Salvador, Guatemala, and Uruguay, y tendrá recaladas en puertos de Panama, Peru Chile, Brasil y Jamaica y retoma el modelo implementado en 2024 con el despliegue del USS George Washington, siempre orientado según la política oficial de Estados Unidos para la región:
- Fortalecer la interoperabilidad con marinas regionales
- Consolidar la presencia disuasiva en el hemisferio sur
- Impulsar la cooperación en seguridad marítima
- Ejecutar ejercicios combinados con países aliados
Sin embargo, en esta ocasión, el componente simbólico es particularmente relevante: el despliegue coincide con el tránsito final del USS Nimitz posiblemente hacia su desactivación, en una travesía que lo llevará desde el Pacífico hacia el Atlántico bordeando Sudamérica, con destino final la base naval de Norfolk. En esta oportunidad, El USS Nimitz viaja escoltado por el destructor USS Gridley (DDG-101) encuadrados Carrier Strike Group 11 y embarca Carrier Air Wing 17.
Esta ala aérea embarcada está conformada por dos escuadrones de ataque y superioridad aérea VFA 22 y 137 que operan el Boeing F/A-18E/F Super Hornet, un escuadrón de guerra electrónica VAQ- 139 que opera la versión especializada en misiones de supresión de defensas aéreas y guerra electrónica del F-18, el Boeing EA-18G Growler, un escuadrón de guerra antisubmarina HSM-73 equipado con helicópteros Sikorsky MH-60R Seahawk, enfocados en guerra antisubmarina y vigilancia marítima un escuadrón de apoyo y rescate HSC-6 que opera helicópteros Sikorky MH-60S Seahawk en roles logísticos, SAR y apoyo a operaciones, y un escuadrón de logística de ala fija (VRC-40) que opera el C-2A Greyhound, encargado del transporte logístico hacia el portaaviones.
En conjunto, esta ala aérea representa una fuerza que proporciona, protección antisubmarina, defensa antiaérea y capacidad de ataque de largo alcance, sin mencionar que el ala embarcada puede llevar además dos escuadrones mas de F-18E y un escuadrón de alerta temprana.

El USS Nimitz: cinco décadas de proyección aeronaval
La clase Nimitz son unidades que fueron diseñadas para garantizar presencia global permanente, con capacidad de operar de manera sostenida en múltiples teatros simultáneamente. Comisionado en 1975, el USS Nimitz es el buque líder de su clase y uno de los portaaviones más emblemáticos de la historia naval moderna. A lo largo de más de 50 años de servicio, ha sido protagonista de operaciones en múltiples teatros, consolidándose como un eje central de la proyección de poder estadounidense.
Su incorporación marcó un punto de inflexión respecto a los portaaviones convencionales que lo precedieron, particularmente aquellos de la clase Kitty Hawk, que constituían el núcleo de la flota estadounidense durante las décadas de 1960 y 1970. En total fueron construidos diez portaaviones nucleares, entre 1968 y 2006, y han constituido el núcleo de la aviación embarcada de la United States Navy durante más de cinco décadas.

Los portaaviones clase Kitty Hawk, a los cuales reemplazo, representaban el pináculo del diseño previo a la adopción masiva de la energía nuclear. Sin embargo, su operación estaba condicionada por limitaciones logísticas significativas, especialmente en términos de autonomía y dependencia de buques de reabastecimiento.
La incorporación de reactores nucleares permitió una autonomía prácticamente ilimitada, aumentando la permanencia en zona de operaciones y reduciendo la vulnerabilidad logística. La otra mejora importante fue el mayor desplazamiento (de alrededor de 80.000 toneladas en los Kitty Hawk a más de 100.000 toneladas en la clase Nimitz) a una mayor capacidad de almacenamiento de combustible y armamento aéreo, incremento en el número de aeronaves embarcadas y mejores condiciones para operaciones simultáneas en cubierta.
En términos operacionales, la transición desde la clase Kitty Hawk a la clase Nimitz significó pasar de una fuerza aeronaval altamente capaz, pero logísticamente dependiente, a una plataforma verdaderamente global, capaz de sostener operaciones continuas en cualquier punto del planeta con un nivel de autonomía sin precedentes.
Este salto tecnológico consolidó a la propulsión nuclear como el estándar para los portaaviones de primera línea de la United States Navy, estableciendo las bases doctrinales que continúan vigentes hasta la actualidad.

La transición hacia la clase Gerald R. Ford
Pero como todo tiene un final dado el vertiginoso progreso de la tecnología, el reemplazo progresivo de la clase Nimitz está siendo llevado a cabo por la nueva generación de portaaviones, encabezada por la USS Gerald R. Ford (CVN-78). Aunque visualmente similares, los buques de la clase Ford incorporan cambios estructurales y tecnológicos significativos, orientados a mejorar la eficiencia operativa y reducir costos a largo plazo.
Entre ellos se pueden mencionar el reemplazo de las catapultas de vapor por catapultas electromagnéticas, sistema de detención de aeronaves avanzado, reducción de la dotación por medio de automatización de procesos, y rediseño de la cubierta de vuelo para una mejor gestión del lanzamiento y recuperación de aeronaves.
Estos cambios tecnológicos reflejan un cambio doctrinal, dado que la clase Nimitz fue concebida para satisfacer requerimientos en el contexto de la Guerra Fría, mientras que la clase Ford está diseñada para operar en los entornos de alta complejidad, actuales caracterizados por guerra electrónica avanzada, integración de sistemas no tripulados, operaciones asimétricas.
El cierre de un ciclo
La desactivación del Nimitz fue planificada para comenzar el año 2025 pero fue pospuesta para mayo del 2026 por las demoras en la construcción del USS Gerald Ford, y ahora la US Navy se enfrenta al dilema de necesitar más portaviones desplegadas en zonas “calientes” del planeta, un atraso crónico en el programa de construcción de nuevos portaviones y una ley del congreso dl año 2007 que le obliga a tener al menos 11 portaviones en estado de operatividad.
Esto lleva a que probablemente Southern Seas 2026 solamente sea su último paso por Sudamérica, postergándose nuevamente su dada de baja y con ello el cierre de una era en la aviación naval embarcada dando fin el buque líder de una clase que redefinió la proyección de poder naval durante la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI.