Un dibujo naïf y una historia muy densa

La publicidad de Aerolíneas Argentinas anunciando los vuelos a la mesopotámica ciudad de Mercedes (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

Cuando vi este aviso, publicado en La Prensa del 19 de febrero de 1959, me llamó la atención por el dibujo. En esa época toda la publicidad de Aerolíneas Argentinas estaba orientada a mostrar a la empresa como “una empresa de vuelo mundial”, que sería la primera en operar con jets en el Atlántico Sur. La imagen permanente de todos los avisos era la del reactor inglés, y repentinamente aparece el dibujito de un Douglas DC-3, operando en el interior del país, con muy poca infraestructura, incluyendo el detalle de la pequeña caja con baterías que reemplazaba al grupo electrógeno en esos lugares.

La inauguración de esta escala, y algunas otras en la Mesopotamia, según declaraba en ese momento la empresa, era reforzar la presencia de los servicios aéreos en todo el país. Un mensaje coherente con la política tradicional de Aerolíneas Argentinas. En rigor de verdad, los dos vuelos semanales anunciados eran, en realidad, el agregado de una escala intermedia en vuelos preexistentes a Resistencia.

Pero el tema no terminó en lo estético, porque cuando llegó el momento de inaugurar los servicios, unos días después, también llegó el papelón. La Secretaría de Aeronáutica no permitió la operación porque la empresa estatal no tenía el permiso correspondiente, lo que fue reconocido por ésta, que emitió un comunicado, el 4 de marzo, aclarando que la negativa se encontraba en todo ajustada a las disposiciones legales vigentes para otorgar la concesión de nuevas rutas, porque Aerolíneas Argentinas no había cumplido en su pedido con los requisitos correspondientes.

La historia ni empezó ni terminó allí. Era un capítulo más de una cruenta guerra que se había instalado en la Argentina a partir de 1957 por el mercado aerocomercial. Por un lado estaba la empresa estatal y, por el otro, innumerables empresas privadas, encolumnadas en una especie de cámara llamada Asociación Argentina de Transportadores Aéreos (AATA), que pugnaban por ocupar el lugar de Aerolíneas.

La verdadera lucha era por conseguir subsidios. Ninguno de los dos sectores podía sobrevivir con su capacidad propia de generación de fondos.

Aviso de lanzamiento de Norsur, publicado en los diarios de Buenos Aires del 29 de marzo de 1959 (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

Entre las empresas privadas del momento estaba Norsur, que había programado volar a Mercedes desde mediados de marzo. Evidentemente el objetivo de Aerolíneas no era dar un servicio más, era coparle la parada a su competidora.
Pero desde el punto de vista de la coherencia la posición de Aerolíneas Argentinas era pobrísima, porque al mismo tiempo que intentaba volar sin tener los papeles en regla, unos meses atrás había hecho un esfuerzo político importante para tratar de impedir que se le dieran concesiones a Transcontinental, otra competidora.

Norsur duró poco. Nunca tuvo el capital necesario para funcionar, enfrentó problemas graves con el mantenimiento de sus Lockheed Lodestar, tuvo serios conflictos gremiales y, en octubre de 1960, fue intervenida judicialmente como paso previo a su cierre definitivo.

Aerolíneas Argentinas cumplió con todas las formalidades, lo que le llevó tiempo. Recién en agosto de 1960 pudo inaugurar los vuelos a Mercedes, que se mantuvieron hasta alrededor de 1970.


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