Acerca de Air France


La página corporativa de Air France, durante la primera semana de octubre, se abría con esta apetitosa propuesta. Al mismo tiempo, los pasajeros elegían volar en otras empresas low cost antes que en Air France.

La foto de Xavier Broseta, director de recursos humanos de Air France, sin camisa, dio la vuelta al mundo. Evidentemente la imagen decía algo, pero es difícil determinar con exactitud cuál era el mensaje.

En realidad había varios mensajes, y el primero es que Air France, que nunca, a lo largo de sus 82 años de existencia (o casi cien, según cómo se mida), fue capaz de mostrar finanzas sanas, ha vuelto a una de sus crisis cíclicas.

Hasta ahora siempre fue capaz de salir de esos trances con la ayuda financiera del gobierno francés, pero hay cosas que ya no son como antes, porque el gobierno francés ya no es más solamente el gobierno francés y Air France ya no es solamente la empresa francesa.

La imagen de Brosetta, según Air France. Esta es la foto que aparece en su página de internet como miembro del directorio y, de alguna manera, es la imagen de Air France a través de sus directivos.

Por un lado está la Unión Europea, que tiene políticas muy claras que se oponen a los subsidios y, por el otro, está el holding Air France-KLM, que es una sociedad multinacional. Dicho en otras palabras, ya no estamos ante la posibilidad de que Francia “salve” a su compañía, es algo mucho más complicado, que por “efecto dominó”, puede afectar cosas inesperadas en el precario equilibrio en el que se mueve la aviación europea y, por qué no, la mundial.

El segundo punto, es coyuntural. Hay un nivel de conflicto social muy importante en Europa. Aquí afectó a Air France, pero podría haber sido cualquier otra compañía de cualquier ramo. El espacio de maniobra que tienen hoy los políticos y las empresas en este sentido es muy estrecho.

Y el tercero, que probablemente es el más profundo para nosotros, es la definición de qué es el transporte aéreo hoy y, si se quiere, qué es el negocio del transporte aéreo. Todas las notas periodísticas centran la explicación de lo que mostró Broseta en una conclusión: Air France no puede con las low cost.

Es cierto, pero no es toda la verdad. Parecería que en Europa (un mundo muy particular) nadie puede con las low cost, ni Alitalia, ni Lufthansa, ni Iberia, ni ninguna empresa tradicional.

El motivo es muy sencillo y se basa en un principio que funciona bien en todo el comercio: el público prefiere el producto o el servicio más barato, y las low cost son más baratas, a pesar de todo lo que se diga.

Es cierto que las low cost no dan todo lo que dan las empresas tradicionales, pero dan lo principal, vuelan de un punto a otro (cada vez menos a aeropuertos insólitos) y cumplen los horarios a rajatabla. Eso es lo principal, desde que empezó la aviación comercial, y todo lo demás son adornos que se agregaron con el tiempo para subir los precios.

La imagen de Brosetta (y de Air France), según la realidad. Ésta es la foto que dio la vuelta al mundo.

Los límites

Air France, desde hace años, está tratando de ser más competitiva. Probó de todo. En 2012 lanzó el programa Transform 2015, que tenía el objetivo de volver a la rentabilidad en 2015, reduciendo costos y deuda. Está claro que fracasó.

En el camino trató de disfrazarse de low cost, al mismo tiempo que peleaba por los pasajeros Premium y por otro lado buscaba tener una red mundial con un megahub en París. Imposible. Son cosas incompatibles. Quizás una única empresa pueda, al mismo tiempo, tener una red mundial y servicios refinados, pero eso tiene un costo. Y un límite, hay nichos en los que no se puede penetrar y, en consecuencia, la empresa no puede crecer indefinidamente.

Las low cost lo entendieron bien. Son solamente low cost, no pueden ser otra cosa al mismo tiempo. Eso también tiene un límite, porque tampoco pueden crecer indefinidamente.

Lo malo es que hoy vivimos una era de fusiones y asociaciones que plantea el paradigma de la empresa cada vez más grande. Parecería que los analistas aeronáuticos del mundo han adoptado el principio de que sólo sobrevive el más gordo. Nadie piensa en los límites, y los límites están ahí.

Es posible que estemos frente a un problema parecido al que afrontaron los dinosaurios hace muchos siglos. Cuando hubo un cataclismo no pudieron con su tamaño, y los que sobrevivieron fueron los pequeños organismos.

De alguna manera, la realidad está demostrando la certeza del dicho atribuido al general San Martín: serás lo que debas ser, o no serás nada.

Ni Air France, ni su personal, ni los franceses tienen vocación de low cost. En el fondo siguen pensando en los servicios que podían dar las compañías tradicionales en los años sesenta, cobrando los sueldos relativos de aquellos tiempos y mostrando el charme consecuente.

Todavía es posible tener ese perfil, pero no es un perfil para una empresa gigante.


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