
Las audiencias públicas son una buena idea, existen en todo el mundo y son consecuencia de la necesidad de que la población pueda opinar sin censura ante temas que la afectan, como los servicios públicos, algo que nadie puede objetar.
La audiencia pública, ordenada por la jueza Martina Forns, que tuvo lugar el 28 de marzo último y duró casi doce horas, puso en evidencia que hay problemas que nunca fueron imaginados por los planificadores (¿serán planificadores?) del Ministerio de Transporte lo que sumado a algunos temas que ya eran conocidos y no se atendían seriamente y otros muy técnicos que no estuvieron ese día en el tapete nos lleva a la conclusión de que el futuro no será sencillo.

El marco legal
La audiencia pública está especificada por el Decreto 1.172/2003 (ver ver documento aquí), que la define como “una instancia de participación en el proceso de toma de decisión, en la cual la autoridad responsable habilita a la ciudadanía un espacio institucional para que todo aquél que pueda verse afectado o tenga un interés particular o general, exprese su opinión”, con la finalidad de “permitir y promover una efectiva participación ciudadana y confrontar de forma transparente y pública las distintas opiniones, propuestas, experiencias, conocimientos e informaciones existentes sobre las cuestiones puestas en consulta”, garantizando “el respeto de los principios de igualdad, publicidad, oralidad, informalidad y gratuidad”.
Más allá de cualquier chicana de ocasión, lo que se vio el 28 de marzo en El Palomar fue exactamente eso.
La materia
Ya hemos detallado la discusión desatada en torno al uso de El Palomar como aeropuerto comercial (ver Conflictos en El Palomar). Lo concreto es que, ante una transformación de la dinámica del distrito de Morón que puede ser importante, las opiniones están divididas y, si se “mira debajo del agua”, hay una disputa política que hoy se centra en el aeropuerto, pero que podría centrarse en cualquier otra cosa. Mal para la política, y mal para el desarrollo de la aviación.
El lugar
La audiencia pública se realizó en el salón de actos de la Biblioteca Popular Juan Manuel Giuffra, un primer piso al que se accedía por una escalera angosta, que estaba lejos de cumplir las condiciones mínimas de seguridad exigibles para una reunión de este tipo. Curioso, dado que uno de los temas que más preocupaban a los participantes, a favor y en contra, era la seguridad.

Es sabido que en el fútbol argentino hay tribunas de visitantes y de locales para evitar descalabros. Esta audiencia funcionó con esta lógica, El salón, que tenía algo más de 200 asientos, estaba dividido por un pasillo central. A la izquierda se sentaron los que estaban “en contra” y a la derecha quienes estaban “a favor”. No alcanzaron los asientos, y hubo mucha gente parada, además de algunos que prefirieron verlo en pantallas ubicadas en el exterior. Nunca llegó a haber más de trescientas personas en total.
En la calle hubo alguna presencia de gente interesada, pero en actitud civilizada. El dispositivo policial fue el esperable.

Los participantes
En el orden del día había inscriptos para hablar seis funcionarios del Ministerio de Transporte, sin límite de tiempo para sus alocuciones; tres personas vinculadas la obra y el estudio de impacto ambiental, con quince minutos asignados; 51 representantes de instituciones, con diez minutos para exponer y 125 particulares interesados con cinco minutos. En total 185 personas, con un estimado de no menos de veinte horas de exposiciones. Conozco a algunos de los inscriptos y me consta que no tuvieron problemas para anotarse. Además hubo algunas personas que pidieron hacer uso de la palabra sin estar inscriptos, lo que se les permitió. A la hora de la verdad, hubo muchísimos ausentes, pero el moderador no vaciló en volver a llamarlos en momentos distintos a los asignados, lo que prolongó el acto, pero dejó claro para todos los presentes que no hubo discriminaciones.
El oficialismo
La audiencia se abrió con el ya conocido stand-up del Ministro Dietrich y su elenco estable (autoridades de ANAC, EANA, OSNA, JIAAC y algún otro. Es cierto que la publicidad de los actos de gobierno es una obligación de las autoridades, pero quizás sería bueno hacerlo de modo más técnico y no basándose solamente en el optimismo. No deja de ser llamativo que los funcionarios no hayan dicho una palabra sobre cómo se condice lo que están haciendo con el Código Aeronáutico.

Durante las alocuciones hubo todo tipo de gritos e insultos de la gente de la izquierda del salón. Varias veces se escuchó la palabra “mentiroso” y a la presidenta de la JIAAC le pidieron que dijera qué título tenía. El alboroto por momentos tapó a los oradores (esto no se advierte en la versión publicada en YouTube) y el moderador —impecable— tuvo que actuar varias veces para poner orden en la sala.
Siguió la también tradicional sucesión de funcionarios provinciales convocados por el Ministerio de Transporte que hablaron de las bondades del turismo. Por suerte, esta vez fueron pocos.
Un detalle que provocó enojo y reclamos del público fue el hecho de que los funcionarios hablaron y se fueron, mostrando claramente un desprecio ofensivo por lo que dirían los demás oradores.
Las piñas
Cuando llegó el turno del intendente de Morón, el griterío se hizo más intenso. No dijo nada en especial, pero su discurso fue un discurso de campaña, tanto en el texto cuanto en la actitud corporal. Sobre el final se produjo un tumulto en el fondo del salón y volaron algunas trompadas. Era demasiado evidente que el asunto tenía que ver más con la interna de Morón que con el aeropuerto de El Palomar, pero la audiencia pública dio la oportunidad para que algunos se sacaran las ganas de hacer un escándalo. El acto no se detuvo y el disturbio siguió en el hall, en tono menor. Nada de esto quedó registrado en la versión publicada en YouTube, pero fue el detonante para que la audiencia pública haya sido registrada en todos los diarios.

Las instituciones privadas
El resto de las instituciones que hablaron fueron fomentistas, centros de jubilados, clubes, cámaras locales y afines, por lo general a favor de la instalación del aeropuerto, y sociedades vinculadas con los derechos humanos, escuelas y asociaciones de padres, ambientalistas, por lo general en contra. Varios no dejaron una idea clara sobre cuál era su pensamiento sobre el tema en cuestión y hablaron de otras cosas. Hasta hubo representantes de dos iglesias evangélicas que entendieron que tenían que estar allí, pero sin posición tomada. Se limitaron a bendecir a los presentes, algo que a más de uno le debe haber venido bien.
En este grupo también tuvieron su oportunidad para alegar Flybondi y Norwegian, que hicieron una exposición resumida de su capacidad empresaria y sus planes para el futuro. El primero se quejó de las pérdidas que le estaba causando la limitación a sus operaciones impuesta por la Justicia.
Los particulares
125 particulares interesados inscriptos es mucha gente. Posiblemente la mitad no se presentó, pero sigue siendo un número importante. Evidentemente el tema ha causado interés en la población de la zona, y reconozcamos que en la historia argentina los aeropuertos nunca fueron un tema de discusión popular.
Este grupo fue el que mostró menos cualidades oratorias, y más de una vez también falta de ideas, pero esto último también es de aplicación a más de un funcionario.

Los argumentos a favor
Sin analizar el discurso de los políticos, que corre por otros carriles, los principales argumentos a favor de la operación comercial del aeropuerto provinieron de personas que nacieron o viven desde hace tiempo en El Palomar y su entorno y ven con alegría el progreso de su ciudad. En este grupo hay que incluir, a fomentistas, comerciantes, jubilados, taxistas, pequeños empresarios e instituciones de bien público de todo tipo, algunas cuya presencia era inimaginable antes de la Audiencia.
Otro argumento fuerte a favor estuvo relacionado con la tradición. Se llamó la atención sobre el hecho de que El Palomar es el aeropuerto más antiguo del país y tiene actividad aeronáutica que va más allá de una base militar, como una importante escuela técnica cuyos egresados viven en la zona y quieren trabajar allí. Hay un espíritu aeronáutico en la gente que va más allá de lo militar.
Fue palpable un gran optimismo palomarense. Por momentos podía pensarse que se estaba hablando de un aeropuerto barrial, que sería usado como la estación ferroviaria, todos decían que ahora podrían volar. Pero también hubo un indicio de que uno de los problemas más graves de los aeropuertos argentinos ya está desembarcando en esta estación, porque un taxista habló de remises no habilitados y de la aparición de la empresa Manuel Tienda León.
Los argumentos en contra
Los argumentos en contra, más allá de los gritos de la tribuna, que hablaban de negociados y de la calidad moral de algunos funcionarios, estuvieron marcados por líneas muy concretas.
En primer lugar estuvo el tema ambientalista, que parte de la base de que el espacio que ocupa el aeropuerto es el área verde más grande que hay en el partido de Morón, donde éstas son especialmente escasas y no se condicen con lo recomendado por las organizaciones internacionales en función de la población del distrito. En particular, sobre el oeste del predio, donde está previsto construir las instalaciones definitivas para atender el tráfico aéreo, hay un humedal denominado Isla Verde que funciona como regulador de inundaciones, cuya protección se busca. Se sostuvo que la obra debe ser analizada según la ley 25.675 (ver documento aquí) y se criticó duramente el estudio de impacto ambiental hecho por AA2000. El argumento, frente a los que hablaron del futuro, es que no hay futuro sin naturaleza.

El segundo eje de la oposición estuvo relacionado con los derechos humanos, ya que el predio de la base sería un “sitio de memoria del terrorismo de estado” protegido por la ley 26.691 (ver documento aquí). En tal supuesto la ley impide su modificación.
Un tercer eje de las posiciones en contra de la habilitación del aeropuerto pasa por la contaminación, ya sea sonora como atmosférica.
Y el último tiene que ver con la seguridad. Hay mucha gente que dice temer que un avión caiga en las inmediaciones del aeropuerto y recuerdan el accidente de LAPA, a la que consideran una low cost comparable con Flybondi.

La nulidad
Casi sobre el final de la audiencia le tocó el turno de exponer al diputado Rodolfo Tailhade, que leyó un documento titulado No a las patotas de Vidal, por la anulación de la audiencia violenta del aeropuerto de El Palomar, con el texto imaginable.
Pero el tema no terminó allí, porque Tailhade, junto con otros legisladores de Unidad Ciudadana pidieron la nulidad de la audiencia por haber condicionado “la libre expresión de la ciudadanía”.
Lo que queda
Las audiencias públicas no son vinculantes, lo que significa que, una vez cumplidas, las autoridades pueden actuar de acuerdo con sus convicciones.
Esta audiencia en particular fue convocada por un juzgado en relación con un recurso de amparo basado en cuestiones ambientales, que habla de ruidos, riesgo para la salud, riesgo de accidentes fatales al aterrizaje o despegue y daños patrimoniales, y una denuncia penal hecha por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y la Asociación de Derechos Humanos de Hurlingham, por incumplir con la Ley 26.691, que protege a la base aérea como Sitio de Memoria.
Toda la acusación es difícil de probar y, como suele ocurrir, nada de lo que se sostiene es del todo verdad o no. La ley de protección de humedales todavía no se sancionó, aunque hay leyes menos específicas vigentes; la ley de protección de sitios de memoria no define cuáles son, y si bien algunos fueron definidos posteriormente, en la publicación Espacios de memoria en la Argentina, editado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación (ver documento aquí), no están mencionados ni la base ni el aeropuerto de El Palomar.
El estudio de impacto ambiental que se hizo no puede ser considerado serio en la medida en que se midió el ruido de aviones antiguos (F-28 con turbinas Spey), mucho más ruidosos que los que se presume que operarán en el aeropuerto (B737/800 con turbinas CFM-56), y no parece haberse tenido en cuenta la frecuencia con la que se producirán esos ruidos. La huella de carbono, que en la aviación moderna es más importante que el ruido, no fue mencionada en la audiencia. De CORSIA[i], ni hablar, y el primero que debería hablar de esto es el Ministerio de Transportes.
En síntesis, en este tema, a pesar de algunas buenas intenciones, sigue primando la filosofía nacional del “lo atamos con alambre”.

El desarrollo completo de la audiencia puede verse on-line.
NOTAS:
[i] CORSIA (Carbon Offset and Reduction Scheme for International Aviation) es el programa de OACI adoptado en 2016 que prevé tener un crecimiento neutro de las emisiones de carbono a partir de 2020 y lograr reducir las emisiones netas en 2050 a la mitad de las que hubo en 2005. Argentina, en la 39ª Asamblea de OACI manifestó estar de acuerdo con la iniciativa, pero hasta ahora no se sabe qué se está haciendo al respecto.