Esta azafata es nuestra

El optimismo de Cavallo según Landrú, en Clarín del 23 de julio de 1992.

Podría decirse que todo salió mal, pero la verdad de la privatización de Aerolíneas Argentinas es que todo se hizo mal. En esa época (1990) privatizar empresas públicas estaba de moda en el mundo y, en América Latina, las aéreas parecían ser la estrella.

Menem pensó que vendiendo rápido Aerolíneas Argentinas y ENTel iba a ganar fama de gobernante moderno y liberal, alineado con el consenso de Washington. Pero no era fácil.

En el caso de Aerolíneas, tuvo que lidiar con el Código Aeronáutico, que prescribía (prescribe) que las empresas aerocomerciales deben tener un 51% de capital argentino con domicilio en la Argentina. Para ello las bases de la licitación pedían que los consorcios oferentes tuvieran una empresa aérea extranjera, con hasta el 30% del capital e inversores extranjeros hasta el 19%. Así se garantizaba la argentinidad de la empresa resultante, en la que el Estado tendría un 5%, el personal 10% e inversores locales el resto.

El resto de los requerimientos eran el pago de un monto que debía integrarse parte en efectivo y parte en bonos de la deuda argentina, la formulación de un plan de inversiones y la presentación de garantías de cumplimiento del mismo, mantenimiento de la plantilla y algunas cosas más.

El primer problema fue que hubo un único oferente, un consorcio capitaneado por Iberia, que desde el primer momento dio muestras de insolvencia. No hizo el pago al contado, no consiguió los bonos, ningún banco internacional le dio garantías, y el tema de la nacionalidad sólo lo pudo cumplir en los papeles.

Pasaron años de promesas, que luego no se cumplían y que eran soslayadas por el gobierno, que siempre aceptaba propuestas, cada vez más enloquecidas, para no pagar.

El que puso la cara para permitir esto siempre fue Cavallo, que siempre se mostró optimista, tratando de encontrar el lado bueno de los incumplimientos. Así fue que Aerolíneas se convirtió en un tormento para un ministro que quería parecer serio, pero que la evidencia desmentía todos los días.

Por supuesto, los chistes sobre el tema fueron una constante en todos los diarios, que de diversos modos trataron de mostrar la catástrofe.

El ministro Domingo Cavallo atacado por Aerolíneas Argentinas, caricatura de Hernández en Ámbito Financiero del 23 de diciembre de 1992.

Un momento destacado de esta historia de fracasos fue cuando, a mediados de 1992, fue evidente que no había capitales argentinos dispuestos a poner dinero, ni en el consorcio original ni en ninguna otra parte, lo que llevó a Cavallo a reestatizar el 43% de la empresa que había privatizado dos años atrás. Era un fracaso a todas vistas, pero el ministro, como siempre, era optimista y Landrú lo mostró en la caricatura antológica que encabeza esta nota.

Cavallo engrilletado por Aerolíneas Argentinas, también Hernández, en Ámbito Financiero del 28 de octubre de 1993.

Descubre más desde Gaceta Aeronautica

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo