
El Ministerio de Producción y Trabajo acaba de inscribir en el registro de asociaciones sindicales de trabajadores a un nuevo sindicato que representa al personal de Flybondi. Era inevitable, porque los sindicatos pensados para una empresa estatal no sirven para empresas privadas, y menos para low costs.
En el mundo actual, cualquier compañía de cierta magnitud, mantiene un diálogo permanente con su personal en el que se busca acordar muchísimos temas que hacen a una relación que por momentos puede ser muy compleja. El punto más delicado es la negociación salarial, que en un país con la inflación que tiene la Argentina es permanente, pero en la relación sindical entran muchísimas otras cosas, como horarios, viáticos, ropa de trabajo, condiciones ambientales, premios y sanciones, licencias, etcétera. Algunas de estas cuestiones son especialmente complicadas en el ambiente aeronáutico, donde la dispersión geográfica y las programaciones cambiantes son la norma.
Pero, al mismo tiempo, en todo el mundo, hay empresas y trabajadores que dicen no a los gremios. Las primeras porque piensan que pueden manejarse de modo más autocrático y los segundos porque creen que, sobre la base de su capacidad personal, pueden lograr mejores salarios. En teoría parece interesante, pero la tendencia mundial es a la sindicalización.
La tradición local dice que debe haber una organización sindical por actividad. A veces es cierto, pero, en la medida en que las actividades se hacen más complejas, aparecen intereses encontrados. Por ejemplo, en la Argentina, en casi todos los casos, hay por lo menos dos gremios, el del personal de base y el de los jerárquicos. Pueden llamarse de mil maneras, pero esa división está. También hay muchísimos sindicatos cuya esfera de acción se limita a una empresa y no al sector. Finalmente no hay que dejar de considerar muchas divisiones que sólo pueden explicarse por causas políticas que exceden a la relación laboral.

En nuestro mundo aeronáutico, el sindicato original (APA) sufrió muchas divisiones, y hoy tenemos, dentro de las mismas empresas, organizaciones de pilotos (APLA), tripulantes de cabina (AAA), personal de tierra (APA), jerárquicos (UPSA) y técnicos (APTA). También tenemos un gremio exclusivo de los pilotos de Austral (UALA) y otro del personal de empresas extranjeras (UPADEP). En clave más política existen organizaciones registradas sin personería gremial (ATCPEA y USTARA) y la lista no termina aquí.
Cada una de estas divisiones es absolutamente explicable y lógica. Fueron complicadas, pero podríamos decir que fueron parte del proceso continuo de las relaciones laborales.
Los sindicatos aeronáuticos argentinos tradicionales siempre fueron y son los sindicatos de Aerolíneas Argentinas, o sea, sindicatos de una empresa estatal que funciona con la lógica de estas instituciones. Como consecuencia de esto siempre tuvieron problemas para representar a las empresas privadas, a las que muchas veces directamente combatieron como enemigos políticos, obviando la realidad incontestable de que eran sus fuentes de trabajo.

La más dura de estas divisiones ocurrió en 1986, cuando los pilotos de Austral se separaron de APLA para formar su propio sindicato. En aquel momento, en el que las dos compañías eran estatales, la diferencia ideológica de ambos grupos era total, porque los de Austral querían volver a ser privados y apoyaban la acción del gobierno en ese sentido, mientras que los de Aerolíneas, que siempre le tuvieron pánico a una Austral eficiente que marcara el contraste entre ambos tipos de gestión, luchaban para lograr que siguiera en el Estado y, en el mejor de los casos, que fuera disuelta.
El caso actual de Flybondi tiene muchos puntos de coincidencia con aquel proceso. No es un secreto para nadie que los sindicatos tradicionales que actúan en Aerolíneas/Austral son fervientes defensores de la empresa estatal con el modelo fundacional de 1950, y se oponen a cualquier competencia de empresas privadas argentinas. Basta recordar todas sus declaraciones desde que asumió el actual gobierno, que fueron muchas y no fueron suaves. Hasta llegaron a hablar de una “lluvia de cadáveres”. Imposible, en un ambiente sano, que esos sindicatos representen a los trabajadores de las nuevas empresas.
Y lo que tenía que pasar pasó. Seguramente éste es el primer paso de un largo camino, que tendrá muchos reacomodamientos, pero es un paso necesario para la actualización del transporte aéreo argentino.