El edificio de Aeroflot

El edificio proyectado por Dimitri Chechulin para sede de Aeroflot a mediados de los años treinta (foto Archivo).

Pocas líneas aéreas han tenido edificios centrales notables, pero hay uno que está en todas las historias de la arquitectura y tiene una particularidad importantísima: no se construyó. Es el edificio de Aeroflot, proyectado en 1934.

Después de la Primera Guerra Mundial y la guerra civil, la Unión Soviética no estaba en condiciones de crear un sistema de transporte aéreo acorde con su tamaño y población. Para solucionar el problema, el primer paso fue una serie de acuerdos con los alemanes, formándose una sociedad llamada Deutsch-Russische Luftverkehrs A.G. (Deruluft), que voló fundamentalmente a otros países de Europa.

Por otro lado, a mediados de los años veinte se creó Dobrolyot (o Dobrolet), cuyo significado es, aproximadamente, sociedad rusa de flota aérea voluntaria, una empresa privada con participación estatal que realizó servicios de transporte de pasajeros, carga y correo dentro del país, Mongolia y China, que en 1932 fue absorbida —junto con Deruluft— por la Administración de la Flota Aérea Civil (Aeroflot), una organización estatal que englobaba la totalidad de la aviación civil soviética, lo que incluía actividades de transporte, trabajo aéreo, búsqueda y salvamento y otras no militares, por lo que hubo muchísimas máquinas no destinadas al transporte que estuvieron pintadas con el inconfundible esquema blanco y azul de la empresa y llevaron su logo, que era una estilización de la hoz y el martillo con alas.

El símbolo de Aerolflot, la hoz y el martillo del partido comunista con alas, es un diseño art déco, que si bien se mira, no tiene ninguna hoz ni ningún martillo, aunque están sugeridos.

Esta historia sigue con un hecho aparentemente inconexo, que fue la intención soviética de navegar comercialmente la ruta del Mar Ártico entre Murmansk, cerca de la frontera Noruega y Vladivostok, en el Océano Pacífico, frente a Japón. Para ello, en agosto de 1933 partió el buque Cheliuskin, que quedó atrapado en los hielos en septiembre con todos sus tripulantes. El rescate parecía imposible, pero para eso estaba Aeroflot, que organizó un puente aéreo que rescató a los 111 náufragos sin bajas. El buque se hundió un tiempo después.

El operativo fue llevado a cabo por siete pilotos, que utilizaron un Tupolev TB-1 (ANT-4), un bombardero bimotor de 6.800 kg de peso máximo, operando desde una pista rudimentaria hecha por los marinos sobre los hielos flotantes.

Y el otro hecho inconexo fue la evolución de la arquitectura soviética después de la llegada de Stalin que, por un lado, tenía todo por construir en un país muy atrasado, y por el otro debía encontrar un lenguaje que expresara la revolución comunista. En esta compleja tarea abrevó en el movimiento moderno de aquellos años (Le Corbusier, Mies Van der Rohe, Mendelsohn) y en el clasicismo absoluto, lo que dio lugar a una interesante síntesis ecléctica. Lo más conocido por el público occidental de este movimiento son las espectaculares estaciones del Metro de Moscú.

Así las cosas, a mediados de los años treinta el gobierno decidió embellecer Moscú, llamando a concurso para la construcción de una serie de edificios que deberían mostrarle al mundo la potencia de la Unión Soviética a través de la arquitectura, una fórmula que ya había utilizado con éxito Keops, 4.500 años antes y sigue funcionando. Es interesante apuntar que en esos concursos participaron importantes estudios occidentales.

Lo más notable (aunque sólo fuera por su tamaño), fue el proyecto ganador para la construcción del Palacio de los Soviets, un edificio de más de cuatrocientos metros de altura, que incluía en su coronamiento una estatua de Lenin de cien metros.

Vista del proyecto ganador del concurso para el palacio de los Soviets, coronado por una estatua de Lenin de 100 metros de altura (foto archivo).

Mientras estaba en marcha este plan de construcciones, ocurrió el naufragio del Cheliuskin, que concitó gran atención del público, al punto que los siete pilotos fueron los primeros en recibir la condecoración de Héroe de la Unión Soviética, creada en esos tiempos.

Aeroflot también ganó un reconocimiento importante, y así surgió la idea de incluir un palacio para la empresa en el plan de embellecimiento de Moscú, tarea que fue encomendada al ya famoso arquitecto Dimitri Chechulin, autor de varios edificios públicos.

El proyecto para la línea aérea preveía un volumen de acceso donde deberían haberse colocado las siete estatuas de los pilotos y un cuerpo principal de oficinas, coronado por el símbolo de la empresa.

Otra vista del edificio de Aeroflot, donde se advierte el eclecticismo de su composición (foto archivo).

Casi ningún edificio del plan de Moscú se construyó, como consecuencia de los problemas económicos y la guerra. El de Aeroflot fue uno de los que no vieron la luz. Chechulin continuó trabajando para el estado soviético, habiendo realizado varios proyectos importantes que sí se hicieron: cuatro estaciones del Metro de Moscú, la pileta de Moscú, los hoteles Rossiya y Peking y la Casa Blanca de Rusia, actual sede del gobierno de la Federación Rusa. A lo largo de su carrera fue distinguido como Héroe del Trabajo y Arquitecto del pueblo, recibiendo dos Órdenes de Lenin, dos Órdenes bandera Roja, la Orden de Honor y tres Premios Stalin.

Aeroflot, terminada la Segunda Guerra Mundial, tuvo su sede en un edificio decididamente intrascendente, aunque grande.

En los últimos años la empresa decidió renovarse, y encomendó la construcción de una nueva sede al estudio ruso Creative Union Reserve, que proyectó un edificio de cristal de dos volúmenes alargados unidos por un núcleo central, con cierto corte deconstructivo, que dicen busca parecerse al símbolo de la empresa.

El nuevo edificio de Aeroflot (foto Facebook).

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