La historia de las low cost (I)
De repente, las low cost se pusieron de moda en la Argentina. Nadie sabe con certeza qué son, y no está para nada claro si hay low cost argentinas, pero todos hablan de ellas y de sus promesas.
De repente, las low cost se pusieron de moda en la Argentina. Nadie sabe con certeza qué son, y no está para nada claro si hay low cost argentinas, pero todos hablan de ellas y de sus promesas.
Uno de los argumentos más utilizados por los que tratan de explicar los secretos de las low cost es que tienen la eficiencia necesaria para hacer escalas muy breves. Puede ser que sea cierto, pero esas escalas aquí fueron muy comunes hace unos años, y tuvieron una consecuencia complicada.
Las audiencias públicas del transporte aerocomercial nacieron a fines de los años cincuenta del siglo pasado, con la función de que una junta especializada determinara la “necesidad”, “utilidad” y “conveniencia” de las propuestas de nuevos servicios aéreos. El objetivo oculto de esta determinación era facilitar políticamente la asignación de fondos públicos a las propuestas.
Aerolíneas Argentinas, a partir de 1957, luchó a brazo partido con Transcontinental, Austral y otras empresas privadas. Uno de sus principales argumentos publicitarios fue su capacidad técnica para mantener sus propios aviones… y los de Austral.
La aparición de nuevas empresas, que a su vez serán nuevos empleadores, ha producido cierta euforia en vastos grupos de trabajadores aeronáuticos, que aspiran a progresar en sus carreras profesionales pero, al mismo tiempo, es vista con recelo por los que hoy están trabajando en Aerolíneas/Austral, que actúan con un reflejo automático que convive con ellos desde 1957.
La primera objeción que se hizo al plan de duplicar los pasajeros aéreos en cuatro años fue la falta de infraestructura necesaria para atender la nueva demanda. La respuesta del gobierno fue un agresivo plan de mejoras de todo tipo en los principales aeropuertos del país, que abarcan edificios, pistas y ayudas a la navegación.
El actual gobierno argentino ha anunciado ampulosamente la “revolución de los aviones”, asegurando que la cantidad de pasajeros de los cielos argentinos se duplicará en cuatro años. No es un objetivo fácil y, más allá de que el crecimiento de nuestro mercado es imperioso, quizás se hayan minusvalorado algunos factores importantes.
Uno de los temas recurrentes de la publicidad de las líneas aéreas es la búsqueda de nuevos pasajeros, gente que nunca voló a la que hay que convencer de que puede hacerlo. Ha habido muchas campañas en este sentido, y muchos argumentos. En la medida en que el precio es lo que más aleja a la gente común del avión, por lo general los planes de financiación han estado vinculados a estas campañas.
La comida a bordo, a partir de fines de los años cincuenta, siempre fue un tema importante en la oferta y la competencia entre las empresas argentinas. Austral y Transcontinental, desde 1957 trataron de enfrentar a Aerolíneas Argentinas en este aspecto, pero con la aparición de LAPA y Dinar, apareció otra forma de ver el tema.
El juego de las siete diferencias (o de los siete errores) es una viejísima historieta que en otros tiempos aparecía en las páginas de los diarios vespertinos y ahora es habitual en las revistas infantiles de entretenimiento y los documentos del Ministerio de Transporte.