Estados Unidos, desde su independencia, ha participado en muchas guerras, generalmente fuera de su territorio, y eso ha sensibilizado a su población en muchos aspectos. Uno de los subproductos de esto es una especie de género periodístico —extendido a otros medios— que buscó inicialmente dar tranquilidad a la población ensalzando la capacidad militar del país, pero que después se enredó en el laberinto de la historia.
No vamos a hacer el listado de los conflictos pero, para la aviación, esta historia comenzó con la Primera Guerra Mundial, a la que los norteamericanos ingresaron en abril de 1917. Los años que siguieron al armisticio anidaron un fortísimo debate sobre la actitud que debería tomar el país frente a un conflicto europeo, que muchos consideraban inevitable. En general la población era pacifista y Franklin D. Roosevelt debió prometer en su última campaña electoral que no participaría en la guerra que ya se desarrollaba en el viejo continente (1941). Pero por el otro lado un sector importante pensaba que el país debía armarse y estar preparado. Desde lo aeronáutico el embajador de esta idea fue Billy Mitchell.
La guerra llegó, y se ganó en avión, porque fueron las grandes formaciones aliadas las que bombardearon hasta el exterminio las ciudades alemanas y fue un avión el que arrojó la primera bomba atómica. La aviación había ganado su lugar en la historia de las armas.
También lo hizo la tecnología aeronáutica norteamericana que, al final de la contienda, sin estridencias, se alzó como la más capacitada para enfrentar lo que vendría. Los norteamericanos no inventaron los jets ni los cohetes, pero los desarrollaron al límite de sus posibilidades y mostraron cómo se podrían usar todas las novedades tecnológicas en los tiempos que vendrían.
Pero no sólo la tecnología se desarrolló durante la contienda. El periodismo nacionalista fue otro campo dónde hubo un gran esfuerzo de guerra, fundamentalmente con la misión de mantener tranquila a la población asegurándole que las fuerzas armadas norteamericanas eran las mejores y las más equipadas.
En ese momento los grandes medios de comunicación eran la radiotelefonía y la prensa escrita y hubo muchos medios que incursionaron en esto, destacándose Time, Popular Mechanics Life y algunas otras. Durante la guerra, además, hubo una revista editada por el gobierno norteamericano destinada a ser distribuida en América Latina que se llamaba En Guardia.

Los medios no sólo se ocupaban de la tecnología militar y los logros norteamericanos, También había héroes, que quizás eran menos musculosos y más intelectuales que los de los tiempos pasados, pero que también fueron promocionados.

En la inmediata postguerra el progreso tecnológico fue imparable, y mostrar a un pueblo que el esfuerzo de la guerra había valido era imperioso, y para eso estaban los medios.

Pero el mundo posterior a la bomba atómica era otro mundo, en el que todos vivían con miedo y la Guerra Fría en cualquier momento podía calentarse. Había que estar preparado como único modo de tener algo de tranquilidad.

Y había motivos para estar inquieto. El El 29 de agosto de 1949 la Unión Soviética detonó con éxito su primera bomba atómica, con lo que niveló el tablero y el 25 de junio de 1950 comenzó la Guerra de Corea. En este teatro de operaciones Estados Unidos creía tener absoluta superioridad aérea con sus Lockheed P-80, pero allí aparecieron los MiG-15, que claramente los superaban y, a pesar del esfuerzo de las autoridades y la prensa, no hubo modo de recrear totalmente la calma.

Aunque la guerra de Corea terminó en julio de 1953 sin que detonaran bombas atómicas, los estadounidenses, de modo individual e institucional se prepararon para lo peor. Los kits antiatómicos pasaron a acompañar a los tradicionales kits de primeros auxilios y se hizo habitual construir bunkers nucleares en los jardines de las casas suburbanas.
Inevitablemente, se desató una feroz carrera armamentista, y los Estados Unidos crearon su Comando Aéreo Estratégico (SAC), a cargo del general LeMay, cuya misión fue tener permanentemente en el aire una flota de bombarderos con bombas nucleares, listos para atacar a la URSS sin demora, en caso de necesidad. Al principio fueron los increíbles B-36 y luego vinieron los jets B-47 y B-52 que podían reabastecerse en vuelo y simplificaban algo la tarea (ver Batallas aéreas de la Guerra Fría libradas en Argentina).

La Guerra Fría siguió siendo fría, pero los arsenales de todos los participantes siguieron creciendo y mejorando, a la espera del día fatal, al mismo tiempo que el público norteamericano era permanentemente informado sobre este progreso. La principal mejora en el armamento de la primera mitad de los años cincuenta fueron los misiles teledirigidos, no muy eficientes en ese momento, pero prometedores.

Pero no fue sólo eso, porque hubo nuevas generaciones de aviones de combate aptas para impresionar a cualquier ciudadano temeroso.

El cine
Lo que fue un exitoso género periodístico apoyado por el gobierno agregó otro medio de comunicación para hacer lo mismo con otras reglas, que fue el cine, y quién mejor que Howard Hughes para llevar adelante el empeño, con el protagonismo de John Wayne.

El resultado fue agridulce porque, a pesar del generoso presupuesto y la colaboración de la USAF con todo tipo de aeronaves y tomas aéreas, la filmación se demoró (algo muy de Hughes) por problemas técnicos relacionados con el revolucionario Technicolor y, a pesar de tratarse de un proyecto de 1949, recién se estrenó en 1957, cuando buena parte de las aeronaves que se muestran eran anticuadas.
Todos estos problemas, más un argumento casi pueril hicieron que la película pareciera vieja desde el primer momento y estuvo lejos de ser un éxito.
El Sputnik
A mediados de los años cincuenta Estados Unidos anunció con gran pompa que lazaría un satélite artificial, bautizado Vanguard. Por supuesto, la prensa lo promocionó incansablemente, pero los soviéticos se adelantaron y, el 4 de octubre de 1957, pusieron en órbita el primer satélite artificial de la historia, que fue una de las cachetadas más grandes que recibieron los norteamericanos durante la Guerra Fría. Los satélites estaban entonces lejos de tener aplicaciones militares concretas, pero quedó claro que Estados Unidos estaba perdiendo la carrera.

Y de alguna manera así lo reconoció la revista Time, que proclamó a Nikita Kruschev, el premier de la URSS, como el hombre de 1957.

En los años que siguieron Estados Unidos anunció algunos avances tecnológicos, pero debió rendirse una vez más antes la URSS el 12 de abril de 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre que salió al espacio exterior.

Los norteamericanos llegaron a la luna en julio de 1969. El proyecto había sido un gigantesco desafío político impulsado por el presidente Kennedy que, al mismo tiempo, dio un salto tecnológico sin precedentes.

Pero más allá del espacio exterior, la puja por tener mejores armamentos en la tierra y mostrarlo al pueblo norteamericanos seguiría, aunque algunos proyectos lanzados con gran pompa, como el XB-70 fueron cancelados.

Pero ya estábamos a las puertas de Viet Nam, una guerra que pondría en acción a todo el arsenal norteamericano, desde viejos C-47 artillados hasta el novísimo F-4 Phantom II, que demostró ser ineficaz frente a un enemigo cuyos frentes estaban en una selva impenetrable y en los campus de las universidades de la costa oeste, donde se dio el gran debate esta guerra.
El enemigo, aunque ahora algo diluido, seguía siendo la Unión Soviética, y la prensa no perdía oportunidad de mostrar al “pacífico” pueblo norteamericano y la crueldad sin límites de Moscú.

El tema de mostrar las mejores armas no se abandonó, pero ahora las cosas serían distintas. El club atómico se había ampliado con el agregado de Gran Bretaña, Francia, China, India y, quizás, Israel y Pakistán, al tiempo que otros países hacían anuncios perturbadores en este sentido.

El mundo nunca fue seguro, Hubo un espejismo después de la Segunda Guerra Mundial, que sugirió que los norteamericanos habían logrado su seguridad, pero fue sólo un espejismo, con la circunstancia agravante de que la bomba, que había sido una creación norteamericana, estaba totalmente fuera de control ¿A quién se le hubiera ocurrido que países como Pakistán formaran parte del club?, y vendrían otros.

De nuevo el cine
Aunque siguieron publicándose artículos periodísticos que buscaban mostrar el poderío norteamericano, las cosas habían cambiado y eso estaba a la vista, incluso antes de las Guerras de Afghanistán ((1978-1989 y 2001-2021), la del Golfo (1990-1991) o el atentado contra las Torres Gemelas (2001).
Por eso, cuando en 1986 se estrenó la más famosa de las películas del género, Top Gun, fue simplemente una película de acción en ambiente aeronáutico, sin posibilidades de convencer a nadie de que las fuerzas armadas norteamericanas pueden cuidar a su población de peligros desconocidos.

Fue un éxito de taquilla, y 36 años después tuvo una remake más taquillera aún, pero era otra cosa.
También siguieron las promociones periodísticas de nuevas armas, algunas de las cuales parecían de ciencia ficción, pero que no sirvieron para establecer una verdadera “Pax Americana”.

La incógnita que nadie quiso, pudo, supo o se animó de develar
En coincidencia con los últimos tiempos de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de esta historia los cielos norteamericano se poblaron de lo que luego se conocería como “unidentified flying objects” (UFO u OVNI). No se sabía qué eran. No parecían un enemigo tangible como los soviéticos, pero tenían la eventual capacidad de atacar a un país que se jactaba de ser inexpugnable.
Por una cuestión de jurisdicción, era un tema que debía ser analizado por la Fuerza Aérea, aunque también participó la Armada y la respuesta siempre fue vaga y confusa. Muchos avistamientos fueron más o menos explicados como fenómenos naturales o aeronaves diversas, a veces años después, pero no hubo certezas sobre un tema que, si estamos hablando de algún tipo de contacto con alguna civilización extraterrestre, se trataría de una noticia de un potencial extraordinario, algo parecido a la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pero todo sobre este tema fue errático.
Colaboró con esto el hecho de que todos los charlatanes del mundo se interesaran por este tipo de fenómenos y gestaran una variedad de teorías tan confusas como difíciles de demostrar.
La prensa tampoco se lució investigando, y así llegamos al día de hoy en el que se han descartado muchos eventos, pero no hay ninguna certeza sobre otros, quizás porque nunca pasó nada o quizás porque el tema nos supera como especie.
En abril de 1952, o sea en un momento en el que la cuestión tenía plena vigencia, la Fuerza Aérea entregó a la revista Life un dossier que analizaba el tema, con diez ejemplos concretos y documentados, pero ninguna explicación fundada del fenómeno (ver Revista Life del 7 de abril de 1952). Entre otros párrafos muy jugosos rescato éstos:
- Aún no hay razón para creer que alguno de los fenómenos aéreos comúnmente descritos como platillos voladores sea causado por una potencia extranjera o constituya un peligro claro y presente para Estados Unidos o sus ciudadanos (la posición tranquilizadora de los militares).
- Por primera vez, la Fuerza Aérea (sin identificarse en absoluto con ninguna conclusión en particular) ha abierto sus archivos para su estudio.
- Estos objetos no pueden ser explicados por la ciencia actual como fenómenos naturales, sino únicamente como dispositivos artificiales, creados y operados por una inteligencia superior.
- Ninguna planta de energía conocida o proyectada en la Tierra podría explicar el rendimiento de estos dispositivos.
- Como lo demuestra la revisión de todos los registros, estos años han producido literalmente docenas de incidentes que desafían una explicación sencilla y que suscitan las preguntas más increíbles.
- Si es que alguna respuesta es posible en este momento, reside en el campo de la lógica más que en el de la evidencia. Lo que son puede deducirse parcialmente revisando lo que no son.
- El presidente de la Comisión de Energía Atómica. Dijo: «No hay nada en nuestro taller que pueda explicar estas cosas, y no hay nada que yo sepa que pueda explicarlas»
- No son un desarrollo ruso
Sin duda era una nota de tapa, sobre todo en un país que en ese momento estaba en guerra en Corea, pero la revista, que siempre había dado importancia a estos temas prefirió poner en la portada de esa edición una foto de Marilyn Monroe, bajándole el precio al tema de los OVNIs, que quedó relegado a un recuadrito.
