Escandinavos en fuga

A fines de los años ochenta la escandinava SAS estuvo interesada en la privatización de Aerolíneas Argentinas. La compañía europea utilizó diversas estrategias tanto para entrar, como para salir de la operación tras su fracaso, aunque lo cierto es que en ningún momento llego a ofrecer ventajas reales para los pasajeros que viajasen más allá de Copenhague.

¡Ahí vienen los rusos!

A cualquier lector desprevenido le podría llamar la atención ver en el número de marzo de 1972 de la revista Aeroespacio un aviso promocionando el reactor de pasajeros soviético Yak-40. Un razonamiento rápido le hubiera dicho que ni la URSS tenía razones para pensar en colocar ese avión en nuestro país, ni la Argentina estaba dispuesta a comprarlo. Pero las apariencias engañan, y todo puede explicarse.

Loteos y aeropuertos

Antiguamente la promoción de los lotes para edificar viviendas familiares se hacía fundamentalmente partiendo de la base de que estaban cerca de algún medio de transporte, preferentemente una estación ferroviaria y, en segunda instancia, se hablaba de la proximidad a algún centro de atracción. A partir de la inauguración de Ezeiza, los aeropuertos también comenzaron a serlo.

La llegada de los reactores

En abril de 1959 Aerolíneas Argentinas inauguró sus servicios con jets Comet 4. Probablemente nunca como en esos días la empresa haya estado tan en la punta de la tecnología, porque el cambio del motor a pistón al motor de reacción fue uno de los avances más notables de los aviones de pasajeros de la historia. La empresa argentina estuvo en ese cambio desde el primer momento.

Un servicio novedoso

En febrero de 1949, Cotama anunció algo realmente novedoso en la Argentina de la época: servicios de alimentación de las redes troncales, basados en Córdoba, que llegaban a La Cumbre y Villa Dolores. Más de seis décadas después, este tipo de servicios siguen pareciendo novedosos, dado que la gran mayoría de los vuelos en el país tiene por origen o destino a Buenos Aires.